Inteligencia artificial y Gardel

Inteligencia artificial y Gardel
¿Qué podemos decir de la IA? Lo primero a decir es que es algo en proceso cuyo desarrollo posterior solo podemos imaginar y, por lo tanto, todo lo que se diga tiene cierto carácter de provisorio, tentativo, no definitivo,

Sin embargo, dado lo difundido del tema, y las ilusiones y los temores que suscita, es preferible arriesgar algunas opiniones y destacar algunos hechos que sí son verificables.

Es una realidad cierta que la IA no se asienta en algo incorpóreo, está sustentada en una enorme cantidad de servidores que contienen un inimaginable volumen de datos y que consumen una inmensa cantidad de energía, agua y litio con su consecuente repercusión ecológica.

Alguien dijo que la primera víctima de la guerra era la verdad porque toda información está considerada como un dispositivo destinado a alentar a los propios y a confundir y desalentar al enemigo.

La capacidad de la IA de generar discursos e imágenes que parecen ser producidos por humanos hace que sea difícil (o imposible) diferenciar lo verdadero de lo falso, lo cual es trágico. Si las personas ya no saben lo que es cierto o no lo es, se terminan comportando como ciegos tratando de vislumbrar la realidad, o en otra variante, aceptando como verdadero lo que es compatible con sus intereses y sus prejuicios.

Pero no todo es negativo. El acceso y el manejo de una inmensa cantidad de datos tiene sus facetas positivas. Un médico puede disponer de la historia clínica de millones de casos relacionados con el paciente que está atendiendo y la IA le seleccionará aquellos que mejor le ayuden al diagnóstico y la terapia adecuada.

Esto puede extenderse a muchos otros casos en los que la IA puede ser realmente eficaz y provechosa. En la esfera del derecho la IA puede rastrear toda la jurisprudencia nacional y mundial, analizar las estrategias utilizadas por las defensas, ver su nivel de eficacia analizando el entorno, el sistema legal aplicado en cada caso y aconsejar los pasos y alegatos más pertinentes tanto para la defensa como la fiscalía.

También puede pensarse la utilidad para la construcción, desde una central atómica (en que tendrá en cuenta todas las construidas, analizando su nivel de seguridad, su eficacia, su vida útil y demás factores a considerar) a la cucha del perro, ya que en su inmensa base de datos encontrará el diseño ideal para la raza del futuro ocupante adecuado a su dimensión y edad.

Si Ud. quiere tener un cuadro que a los ojos de la gran mayoría parece haber sido pintado por Picasso puede pedírselo a la IA que seguramente lo proveerá. Ahora, no le pida que sea Picasso, es decir que cree algo nuevo que abra perspectivas diferentes. Solo los humanos están en condiciones de producir algo radicalmente impredecible.

La IA solo se basa en datos de lo ya ocurrido, es decir en el pasado. No hay, no puede haber lo novedoso ni la creación inesperada, ni la ruptura sorprendente que nos maravilla como lo hace la mente humana encarnada en hombres y mujeres capaces de trascender lo ya recorrido para lanzarse a lo desconocido.

En la manipulación de datos no hay sentimientos, ni tristeza, ni alegría. La IA es capaz de traducir un poema (cómo será el resultado, está por verse) pero si se le pregunta qué le produjo, se queda sin respuesta, a lo sumo nos responderá lo que le produjo a la mayoría de las personas. Solo con datos no existen las emociones, la felicidad, ni la tristeza, y como cantaba Gardel sobre Buenos Aires, no hay penas ni mucho menos olvidos.