Physical Address
304 North Cardinal St.
Dorchester Center, MA 02124
Physical Address
304 North Cardinal St.
Dorchester Center, MA 02124


El desarrollo se inscribe en un contexto global en el que gobiernos, empresas y comunidades científicas intentan encontrar soluciones viables frente a la contaminación por plásticos tradicionales, cuya degradación puede tardar cientos de años. En este escenario, los avances logrados por equipos argentinos despiertan interés por su potencial aplicación en procesos productivos que apunten a una economía más circular y responsable.
COMO ES EL PROYECTO DE RECICLAJE QUE SE DESTACA EN EL CONICET
La científica Elangeni Gilbert, investigadora del CONICET en el Instituto de Desarrollo Tecnológico para la Industria Química (INTEC, UNL-CONICET), encabeza un proyecto orientado a convertir residuos industriales altamente contaminantes en nuevas moléculas reutilizables, evitando así la generación de desechos tóxicos. Su línea de trabajo, conocida como “superreciclaje”, permite transformar en pocos minutos residuos plásticos en compuestos que luego pueden emplearse para fabricar plásticos biodegradables destinados a distintos sectores productivos.
La investigadora destaca que cuando el reciclaje deja de ser solamente una intención ecológica y se convierte en un proceso viable técnica y económicamente, puede generar beneficios ambientales, sociales y también económicos. Su proyecto, denominado Reciclado químico de plásticos, recibió la Distinción en Innovación Franco-Argentina en la categoría Junior, un reconocimiento que premia la transferencia de tecnología y conocimiento y que reunió cerca de cincuenta iniciativas innovadoras.
El desarrollo se basa en el concepto de upcycling o suprarreciclaje, que no solo reutiliza el material, sino que lo transforma en productos de mayor valor que el original. En lugar de obtener plásticos de calidad similar o inferior, el equipo logra recuperar sus componentes químicos y combinarlos con derivados de biomasa para producir nuevas moléculas con aplicaciones industriales de alto valor.
Uno de los grandes avances del proyecto fue simplificar los métodos existentes, que requerían temperaturas y presiones elevadas, tiempos prolongados y catalizadores costosos. El equipo logró reemplazarlos por un catalizador orgánico accesible y no contaminante, permitiendo procesos rápidos y a baja temperatura que recuperan componentes del plástico sin liberar sustancias nocivas ni dióxido de carbono al ambiente.
Gilbert sostiene que, gracias a que el procedimiento requiere poca inversión y consume menos energía, los residuos plásticos pueden convertirse en recursos valiosos para reincorporarse al circuito productivo. A futuro, estas moléculas podrían emplearse en la fabricación de nuevos materiales, solventes biodegradables y productos destinados a industrias químicas, farmacéuticas, cosméticas y agrícolas, ampliando así el impacto del proyecto.