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Tras la polémica por el precio de la indumentaria, informes privados advierten una caída de la producción, pérdida de empleo y mayor presión importadora. Qué hay detrás de los valores en un sector atravesado por la recesión.
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Luego de las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, quien dijo que nunca compró ropa en Argentina porque “es un robo”, se reavivó la discusión sobre el precio de la indumentaria a partir de una premisa extendida: que es cara por ineficiencias productivas y que una mayor apertura importadora ayudaría a moderar los valores.
Sin embargo, los datos sectoriales más recientes describen un escenario más complejo, atravesado por la recesión, la caída de la producción y un mercado interno debilitado.
Según la Fundación Pro Tejer, en noviembre de 2025 la producción textil se contrajo 36,7% interanual y 47,6% frente a 2023, una de las bajas más profundas de la industria manufacturera. La utilización de la capacidad instalada se ubicó en torno al 29%, lo que implica que siete de cada diez máquinas permanecen paradas.
Un diagnóstico similar surge de la consultora Analytica, que señaló que el sector acumuló descensos en diez de los once meses de 2025 y se consolidó como la categoría más afectada del índice de producción industrial. Frente al promedio histórico 2016–2023, la producción de noviembre fue 40% inferior en productos textiles y 18% menor en confecciones y calzado.
El cuadro se completa con una retracción del consumo. “No se vende ni producción nacional ni importada porque los ingresos no alcanzan”, advierte un informe de la cadena de valor textil de Pro Tejer.
Uno de los supuestos más instalados es que la ropa aumenta por encima del promedio de los bienes. Los números recientes no acompañan esa idea, ya que en diciembre de 2025, el rubro prendas de vestir y calzado registró un incremento interanual del 15,3%, el menor entre todos los capítulos de consumo, de acuerdo a un informe de Pro Tejer.
Analytica también observa un abaratamiento relativo. Según el informe “Sector textil, en un cambio de paradigma” publicado el 4 de febrero, desde noviembre de 2023 la indumentaria se ubicó en su mínimo histórico frente al IPC. Mientras la inflación general acumuló 259,4%, la de ropa fue de 149,4%.
Para Priscilla Makari, directora ejecutiva de Pro Tejer, el principal equívoco es asociar el precio de vidriera con el costo industrial. “El mito más arraigado es que la industria textil nacional es la culpable de que la ropa sea cara debido a su ‘protección’. Esa narrativa persiste porque se apoya en una percepción engañosa: el precio de vidriera en los shoppings. Se asocia el precio de la ropa con las grandes marcas de los centros comerciales, donde paradójicamente más del 70% de las prendas son importadas”, afirmó.
La ejecutiva sostuvo que en una remera de marca “el costo de fabricación representa menos del 10% del precio final”, mientras que cerca del 50% corresponde a impuestos y otra parte relevante a alquileres comerciales, financiamiento y logística. “El problema está en lo que pasa desde la puerta de la fábrica hasta el mostrador”, resumió.
Un informe de Fundar, el centro de estudios dedicado a políticas públicas, aporta otra dimensión al debate. Según esta consultora, la ropa es cara en Argentina tanto en términos absolutos como relativos. Una canasta de prendas resulta 35% más costosa –al dólar oficial– que el promedio regional y, en relación con otros bienes y servicios, se ubica entre las más altas del mundo.
El trabajo señala que no existe una única causa. La protección comercial fue un factor relevante durante las últimas dos décadas, pero también incidieron la “volatilidad macroeconómica, la presión tributaria, el acceso restringido al crédito y una productividad sectorial estancada”.
Desde 2001, Argentina fue el país con mayor suba de los precios relativos de la ropa entre 48 economías analizadas: aumentaron 32%, mientras que a nivel global la indumentaria se abarató en la misma proporción.
Los informes de Pro Tejer describen como “débil y errático” el vínculo entre importaciones y precios. No obstante, el ingreso de productos del exterior creció fuertemente. En 2025 alcanzaron 391.676 toneladas y USD 1.702 millones, con subas del 71% en cantidades.
Analytica detecta un fenómeno similar y habla de un “cambio de paradigma”. Las compras externas aumentaron 97,3% en indumentaria y más de 120% en otros textiles, mientras las ventas vía courier -impulsadas por plataformas digitales- treparon 274% interanual. Estos movimientos reflejan un desplazamiento de la producción local por bienes importados en un contexto de demanda débil.
La contracara es el mercado laboral. Entre diciembre de 2023 y octubre de 2025 se perdieron más de 18.000 puestos registrados en la cadena textil, según Pro Tejer, una caída cercana al 15%. Analytica ubica el empleo sectorial en su nivel más bajo desde 2009 y advierte que la informalidad ronda el 72% en algunos segmentos.
En la práctica cotidiana de las fábricas, el ajuste se tradujo en recortes operativos. El empresario y dirigente textil Marco Meloni describió que el proceso comenzó con la eliminación de horas extras, siguió con la reducción de turnos y luego derivó en suspensiones. “Muchas plantas trabajaban tres semanas y una no. La planificación pasó a ser más de stock que de otra cosa por la caída muy brusca de la demanda y la apertura de importaciones”, explicó.
Meloni agregó que “la rentabilidad es negativa” y que algunas empresas continúan operando mientras programan su cierre. “Cerraron más de 500 compañías y las que quedan van a estar muy deterioradas en su capacidad productiva”, advirtió.
Al analizar la estructura de precios, Pro Tejer sostiene que el costo industrial representa menos del 10% del valor final de una prenda, mientras que los impuestos explican cerca de la mitad. También inciden tasas de interés elevadas y costos logísticos altos.
Makari alertó que, si la tendencia continúa, “la sostenibilidad de mediano plazo del sector queda seriamente comprometida”. “El riesgo no es solo sectorial: implica una pérdida de capacidades productivas que luego resulta muy difícil de revertir”, señaló.
Meloni coincidió en que la reconstrucción sería compleja: “Ya se perdieron miles de puestos de trabajo y vamos a perder conocimiento. Mientras nuestros competidores tienen tasas anuales cercanas al 6%, nosotros enfrentamos costos financieros muy superiores”.
El resultado es un mercado con abundancia de productos pero con consumo retraído. Para Analytica, el abaratamiento relativo de la ropa constituye una “noticia positiva para los consumidores”, aunque su contracara es la pérdida de empleo y el retroceso productivo.
Fundar, por su parte, subraya que reducir el debate a la apertura o al proteccionismo simplifica un fenómeno atravesado por factores macroeconómicos, regulatorios y estructurales.
“Será muy dificil una reconstrucción porque perdemos el personal que se va porque el empresario no le puede pagar en tiempo y forma, y vamos a perder todo el conocimiento que tanto cuesta construir, por eso vemos un panorama muy oscuro”, concluyó el empresario Meloni.
LN/MG