La Franja de Gaza, un territorio ya devastado por meses de conflicto, enfrenta una nueva y alarmante realidad: el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha ordenado la expansión territorial israelí en Gaza hasta alcanzar el 70% de su superficie. Esta directiva, que consolida un control militar ya significativo sobre el 60% del enclave, no solo profundiza la crisis humanitaria que padece la población palestina, sino que también reconfigura de manera irreversible el mapa político de la región. La medida, anunciada en un contexto de ataques persistentes y negociaciones de alto el fuego estancadas, proyecta una sombra aún más densa sobre cualquier perspectiva de paz duradera.
La lógica de la ocupación progresiva
Lo que se presenta como una nueva orden es, en realidad, la continuación de una estrategia de control progresivo. Las fuerzas israelíes ya habían establecido una “Línea Amarilla” que, durante la tregua, confinó a más de dos millones de habitantes en menos de la mitad del territorio. La cifra del 60% de control ya superaba lo inicialmente previsto para esta franja de seguridad. Cuando Netanyahu mencionó el objetivo del 70%, la reacción de su audiencia, que coreó “¡100%!”, reveló una aspiración que el propio mandatario no desmintió, sino que postergó, sugiriendo que la totalidad del enclave podría ser el fin último. Este avance gradual, presentado casi como un hecho consumado, normaliza una realidad de ocupación que despoja a la población palestina de su espacio vital.
Escalada y estancamiento diplomático
La orden de expansión se da en un momento de intensificación militar. Recientemente, Israel anunció la muerte de Mohammad Odeh, señalado como el nuevo líder militar de Hamás en Gaza, en un ataque aéreo. Este hecho, que Israel vincula a la estructura de inteligencia de Hamás y a los ataques de octubre de 2023, subraya la persistencia de la ofensiva militar. Mientras tanto, las negociaciones indirectas para un alto el fuego permanecen bloqueadas, a pesar de los esfuerzos internacionales. La retórica de Netanyahu, que celebra el regreso de rehenes y la permanencia de sus fuerzas, refuerza la imagen de una operación militar con objetivos de largo alcance, más allá de la respuesta inicial.
El costo humano y la mirada internacional
El impacto de esta expansión es devastador para los 2.1 millones de palestinos que habitan la Franja, ya hacinados y sometidos a condiciones extremas. Reducir aún más el espacio habitable y bajo control palestino significa agravar una crisis humanitaria sin precedentes, con implicaciones profundas para la salud, la seguridad y la dignidad de las personas. La comunidad internacional observa, en gran medida, cómo se consolida una nueva fase de la ocupación, mientras las voces que claman por una solución justa y el respeto al derecho internacional parecen perder eco frente a la determinación de la política israelí.En definitiva, la orden de Benjamín Netanyahu de ampliar el control militar sobre el 70% de la Franja de Gaza no es un mero ajuste táctico, sino una declaración de intenciones que apunta a una reconfiguración permanente del territorio. Esta medida, lejos de buscar una resolución pacífica, profundiza la lógica de la ocupación, anula cualquier vestigio de soberanía palestina y condena a la región a un ciclo de violencia y despojo, desafiando los principios de autodeterminación y justicia que son pilares para una paz genuina.

