La salida del exjefe de Gabinete Manuel Adorni del gobierno no ha significado el fin de ciertos privilegios de casta, al menos en lo que respecta a su seguridad personal. Mientras el Ejecutivo pregona una austeridad sin precedentes y una batalla frontal contra los beneficios de la clase política, la confirmación de que Adorni mantendrá una custodia oficial por un año, a pesar de las controversias que rodearon su gestión, genera un profundo interrogante sobre la coherencia del discurso oficial.
La protección oficial: ¿seguridad o privilegio?
El nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier, confirmó esta semana que Manuel Adorni, quien dejó su cargo en medio de un escándalo, seguirá contando con custodia de seguridad para él y su familia. La justificación oficial es “motivos de seguridad” debido a supuestas amenazas, y la medida se extendería por un año tras un pedido judicial. Sin embargo, lo que se presenta como una necesidad de protección, para muchos, se percibe como una extensión de los beneficios de los que la “casta” nunca parece desprenderse realmente.
Opacidad y falta de investigación interna
A la par de la confirmación de la custodia, el gobierno descartó cualquier investigación interna sobre el accionar de Adorni durante su tiempo como jefe de Gabinete. Ravier fue enfático al señalar que “el tema está en la justicia”, deslindando al Ejecutivo de cualquier auditoría propia. Esta postura contrasta con la promesa de transparencia y la implacable búsqueda de responsabilidades que el actual gobierno ha enarbolado como bandera. La decisión de no indagar internamente, dejando todo en manos del ámbito judicial, puede interpretarse como una forma de evitar exponer más las contradicciones dentro de la propia administración.
Un legado de controversias
La salida de Adorni, según trascendidos de Casa Rosada, fue recibida con “alivio” en el Gabinete. Se habla de una gestión ineficaz, de un funcionario que no coordinaba y que utilizaba su “línea directa” con los hermanos Milei más para su propio beneficio que para la gestión. Las acusaciones de haber utilizado subordinados para compras personales y de haber “mentido” a la cúpula presidencial, sumado al “abuso de poder” en un contexto de salarios estatales deprimidos, pintan un cuadro preocupante. El gran activo de Adorni, su rol como la cara de la “batalla cultural contra la casta”, se desmoronó por su propia conducta, arrastrando consigo parte de la credibilidad del proyecto libertario.
La paradoja de la “anticasta”
La situación de Adorni expone una de las paradojas más flagrantes de la política actual: la prédica contra la “casta” choca de frente con la persistencia de prácticas y beneficios que parecen ser inherentes al poder. Mientras se exige a la ciudadanía un esfuerzo enorme y se recortan derechos, la permanencia de privilegios para exfuncionarios, incluso aquellos cuestionados por su accionar, desdibuja el mensaje y erosiona la confianza pública. La promesa de una nueva política se ve empañada cuando, en los hechos, se repiten patrones que se juró desterrar. La sociedad argentina, que votó por un cambio radical, observa con atención si la “anticasta” es un principio inquebrantable o una mera herramienta retórica.
Fuentes consultadas
- Adorni no pierde los privilegios de casta: el Gobierno mantiene su custodia oficial (www.pagina12.com.ar)
- El Gobierno confirmó que mantiene la custodia a Manuel Adorni (www.ambito.com)

