Desaceleración mayorista en junio: ¿un respiro frágil o una ilusión en la economía argentina?

Los precios mayoristas frenaron su marcha en junio, mostrando una desaceleración impulsada por factores externos, pero la estructura de costos interna sigue bajo presión en Argentina.

Desaceleración mayorista en junio: ¿Un respiro frágil o una ilusión?

En un contexto económico que nos tiene acostumbrados a sobresaltos, la noticia de que los precios mayoristas frenaron marcha junio subieron apenas un 1,1% respecto al mes anterior, según el INDEC, podría sonar a un alivio. Esta cifra, la más baja en cuatro meses y la menor para un mes de junio desde 2015, fue celebrada por el oficialismo como un indicio de enfriamiento inflacionario. Sin embargo, un análisis más profundo revela que este aparente respiro se asienta sobre cimientos frágiles, impulsado por coyunturas externas y no por una solución estructural a las presiones internas que aún castigan a la producción y al consumo.

El Espejismo del Crudo Global

La principal explicación detrás de esta desaceleración radica en la caída de los precios internacionales del petróleo. La división de petróleo y gas, que en mayo había mostrado un alza, registró un retroceso del -5,3% en junio. Esta baja, atribuida a la dinámica global del crudo Brent en medio de tensiones en Medio Oriente, impactó directamente en los productos primarios de origen nacional, que exhibieron una variación negativa del -1,2%. Es decir, el factor más determinante para el freno de los precios mayoristas no fue una política económica interna, sino una fluctuación en los mercados globales de commodities.

Las Presiones Internas que Persisten

Mientras el petróleo ofrecía un alivio transitorio, otras variables clave de la economía local continuaron su escalada. El costo de la construcción, por ejemplo, volvió a acelerarse, avanzando un 2,6% en el mismo período. Este incremento se explica por las subas salariales del sector y, fundamentalmente, por los incrementos en las tarifas de servicios públicos, una política de ajuste que impacta directamente en los costos de producción. Asimismo, los productos importados mostraron un alza del 2,3%, influenciados por la devaluación del dólar oficial, que avanzó un 3% durante el mes. Esto demuestra que, si bien algunos insumos se abarataron por factores externos, la estructura de costos interna sigue bajo una presión significativa, trasladándose eventualmente a la cadena de valor.

¿Un Respiro Real o una Tregua Frágil?

La desaceleración mayorista, aunque bienvenida, no debe confundirse con una victoria definitiva sobre la inflación. Si bien la inflación minorista también mostró una moderación, ubicándose en un 1,9% mensual –perforando el 2% por primera vez en casi un año–, la dependencia de factores externos como el precio del petróleo expone la vulnerabilidad de esta tendencia. Las subas en tarifas, el impacto del tipo de cambio en bienes transables y la inercia inflacionaria en sectores clave como la construcción, sugieren que la calma actual podría ser una tregua más que un cambio de rumbo estructural. La verdadera estabilización requerirá de políticas que aborden las distorsiones internas y no solo capitalicen las coyunturas globales.


Fuentes consultadas