La política porteña se recalienta con la mira puesta en 2027, y en el centro de la escena, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, proyecta un posible acuerdo con La Libertad Avanza. Este acercamiento, lejos de ser una mera especulación, se presenta como una jugada estratégica que busca reconfigurar el tablero electoral de la Ciudad de Buenos Aires, dejando al descubierto tanto ambiciones de poder como la fragilidad de ciertos discursos. La insistencia de Macri en reeditar una alianza con los libertarios no solo marca una tendencia, sino que también invita a un análisis crítico sobre las verdaderas motivaciones detrás de esta convergencia.
La estrategia del ‘no volver al pasado’
Jorge Macri ha sido claro en su retórica: la posibilidad de un acuerdo con La Libertad Avanza se justifica en la necesidad de “no volver al pasado”, identificando a este pasado con el peronismo y el kirchnerismo. Esta narrativa, que busca polarizar el debate y aglutinar el voto anti-K, es un recurso conocido en la política argentina. Sin embargo, resulta fundamental preguntarse si esta consigna es el motor genuino de la alianza o si, por el contrario, enmascara la búsqueda de blindaje electoral frente a una gestión que, según voces críticas, podría estar mostrando signos de desgaste. La apelación a un enemigo común es una herramienta poderosa, pero también puede ser una cortina de humo para consolidar espacios de poder que, de otra forma, se verían comprometidos.
Sinergia legislativa y el desgaste de gestión
El vínculo entre el PRO porteño y La Libertad Avanza no surge de la nada. En el ámbito legislativo de la Ciudad, ya se han visto muestras de una sintonía que permitió la aprobación de leyes clave, como los cambios en la ley de Anti Trapitos o la ampliación del Presupuesto 2026. Esta colaboración, presentada como un antecedente favorable para una alianza mayor, demuestra una pragmática convergencia de intereses. No obstante, la lectura de algunos sectores sugiere que este acercamiento podría ser también una búsqueda de refugio por parte de una administración que, a pesar de sus logros, enfrenta cuestionamientos sobre su capacidad de respuesta a problemáticas urbanas como la gestión de residuos o el desarrollo del sur de la Capital Federal. La necesidad de un socio fuerte podría interpretarse como una señal de debilidad más que de fortaleza.
El ajedrez libertario y el futuro de la derecha
Desde el lado libertario, la situación es más compleja. Si bien la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, ya se reunió con legisladores porteños de LLA para diagramar el armado territorial, la figura del candidato para CABA aún es una incógnita. La caída de Manuel Adorni de la carrera electoral, tras escándalos de presunto enriquecimiento, abre un interrogante que podría ser ocupado por figuras como Patricia Bullrich. Esta indefinición interna de La Libertad Avanza en la Ciudad añade un condimento de incertidumbre al posible acuerdo. Para el PRO, la alianza con los libertarios representa una oportunidad de consolidar un frente de derecha amplio, pero también implica ceder parte de su identidad y plataforma. Para los libertarios, es la chance de ganar terreno en un distrito clave, aunque con el riesgo de quedar subsumidos en una estructura más consolidada. En este ajedrez político, el futuro de la derecha porteña se juega en cada movimiento, con alianzas que prometen redefinir no solo las elecciones de 2027, sino también la fisonomía ideológica de la Ciudad.

