La superficie de La Libertad Avanza, a menudo presentada como un bloque monolítico, ha vuelto a resquebrajarse públicamente, revelando una profunda crisis interna de La Libertad Avanza. El reciente y virulento cruce en redes sociales entre la diputada Lilia Lemoine y el influyente digital Daniel Parisini, conocido como “Gordo Dan”, no es un mero altercado personal, sino un síntoma elocuente de las tensiones y contradicciones que corroen al oficialismo desde adentro.
El ecosistema digital en ebullición
El enfrentamiento, que se desató en la plataforma X, puso de manifiesto las diferencias en el respaldo a figuras clave del espacio. Lemoine acusó a Parisini de haber apoyado a la vicepresidenta Victoria Villarruel y a la diputada Marcela Pagano, insinuando una deslealtad hacia la línea central del gobierno. Esta crítica no es menor, ya que apunta a la autonomía de sectores que, si bien se identifican con el movimiento, no siempre siguen al pie de la letra los dictados del entorno presidencial.La respuesta de Parisini no se hizo esperar, cuestionando la autoridad de Lemoine para dictar quién debe o no apoyar a determinadas figuras. Su réplica, cargada de ironía y descalificaciones, subraya la ausencia de una estructura orgánica clara y la prevalencia de liderazgos difusos, donde la influencia en redes parece valer tanto como un cargo institucional.
Grietas en la base de apoyo
Este episodio se enmarca en un contexto más amplio de fricciones. La mención a Villarruel y Pagano no es casual; ambas figuras han sido objeto de tensiones internas, con la vicepresidenta mostrando un perfil propio y Pagano protagonizando un conflicto por la presidencia de una comisión en Diputados. La disputa entre Lemoine y Parisini, entonces, funciona como un espejo de estas batallas subterráneas, donde cada toma de posición es leída como un gesto de lealtad o traición.Además, la situación se complejiza con la judicialización de tuiteros libertarios por denuncias impulsadas desde el entorno de Karina Milei. Este hecho ha generado un profundo malestar entre los “militantes digitales” que fueron la columna vertebral de la campaña, quienes ahora se sienten desprotegidos o incluso perseguidos por el propio espacio que ayudaron a construir. Parisini, al defender a estos activistas, expone una fractura entre la cúpula partidaria y su base de apoyo más ruidosa.
Un gobierno en constante redefinición
La intervención del propio presidente, retuiteando a Lemoine, no hizo más que confirmar la inclinación de la balanza hacia la diputada, pero también evidenció la necesidad de una toma de partido en un conflicto que debería resolverse internamente. Esta forma de gestión de las crisis, a través de gestos públicos y posicionamientos en redes, lejos de apaciguar, tiende a magnificar las divisiones y a dejar cicatrices difíciles de sanar.En definitiva, la crisis interna de La Libertad Avanza no es un mero rumor de pasillo. Es una realidad palpable que se manifiesta en cada cruce público, en cada deslealtad percibida y en la dificultad de cohesionar un espacio que nació de la heterogeneidad y la rebeldía. La fragilidad de su estructura interna, sumada a la centralización del poder en pocas figuras, augura un camino de constantes turbulencias para el oficialismo, donde la gestión de estas tensiones será tan crucial como la implementación de sus políticas.

