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La explicación de estas experiencias nocturnas no responde a una única causa, sino que se apoya en la interacción entre la actividad mental durante el descanso y el funcionamiento físico que acompaña cada etapa del sueño.
QUÉ SIGNIFICA NO RECORDAR LO QUE SOÑAMOS SEGÚN LA PSICOLOGÍA
Soñar es una función inherente a la vida psíquica y los sueños están siempre presentes, aun cuando no logren llegar a la conciencia. El psicoanalista Juan Eduardo Tesone, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina y profesor emérito de la Universidad del Salvador, explicó que el inconsciente se expresa a través de diversas vías, como los sueños, los actos fallidos y el humor.
En la misma línea, Sigmund Freud sostuvo que el acceso privilegiado al inconsciente se produce principalmente a través del material onírico, al que definió como la vía regia para su conocimiento.
En el estado de vigilia existe una censura que limita la manifestación de deseos o pensamientos por razones de pudor, miedo o consideración social. Durante el dormir, esa barrera se atenúa, aunque no desaparece por completo. Por este motivo, los sueños suelen presentar deseos reprimidos de manera fragmentada o encubierta. Según Tesone, cuando el soñante asocia libremente cada escena o elemento del sueño, es posible encontrar una coherencia subyacente detrás de lo que en apariencia resulta ilógico.
El hecho de no recordar lo soñado no implica que no haya habido actividad onírica. Tesone remarca que todas las personas sueñan, algo comprobable desde la ciencia: al despertar a un individuo durante la fase REM, caracterizada por intensa actividad cerebral y movimientos oculares rápidos, este afirmará que estaba soñando. El olvido posterior se explica por un mecanismo represivo más fuerte, que impide que los contenidos inconscientes accedan a la conciencia.
Desde una perspectiva similar, la licenciada Liliana Solari, psicoanalista de la APA y especialista en pareja y familia, señaló que siempre se sueña, aunque en muchos casos los recuerdos se pierdan debido a cierto grado de represión. Para la especialista, quienes evocan con mayor frecuencia sus sueños poseen una mayor permeabilidad en esos mecanismos defensivos, lo que favorece un contacto más directo con el mundo interno. En ese sentido, destacó que una mayor capacidad de soñar se asocia con mejores recursos para enfrentar conflictos y responder a los propios deseos.
Por su parte, el médico psiquiatra y psicoanalista Francisco Alberto Guerrini advirtió que la ausencia total de sueños recordados podría, en algunos casos, estar vinculada a una condición médica subyacente. Relató el caso de una niña que no soñaba y luego fue diagnosticada con una obstrucción de las vías respiratorias superiores. Tras recibir tratamiento, la niña comenzó a soñar nuevamente y mejoró su estado general. Guerrini subrayó que nunca soñar puede ser un indicador de un problema de salud y que, ante esa situación, es fundamental diferenciar entre no soñar y no recordar lo soñado.
Diversos factores influyen en la posibilidad de recordar los sueños, entre ellos el estrés, el consumo de alcohol o psicofármacos y la falta de horas de descanso. Guerrini explicó que situaciones de alta exigencia, como un examen universitario, pueden generar sueños angustiosos, lo que demuestra que el aparato psíquico continúa activo incluso durante el sueño. Más allá del descanso físico, el cerebro utiliza ese tiempo para procesar y elaborar experiencias, tarea que se refleja en la producción onírica.
Solari también señaló que existen distintos tipos de sueños, como aquellos ligados al cumplimiento de deseos y los sueños de angustia. En el marco de un tratamiento psicoanalítico, la aparición de sueños recordados suele ser un signo de avance, ya que indica que el inconsciente encuentra formas de expresarse y que la persona profundiza el conocimiento de su mundo interno. Cuando los sueños no se recuerdan, afirmó, se reduce el acceso a ese material inconsciente.
Tesone coincidió en que la actividad onírica permite acercarse a deseos reprimidos y evidencia que el psiquismo se mantiene en movimiento. En pacientes con afecciones psicosomáticas, la reaparición de los sueños durante una psicoterapia suele interpretarse como una señal positiva, ya que sugiere que los conflictos comienzan a resolverse en el plano psíquico, disminuyendo su impacto sobre el cuerpo.
La fase REM es el momento en el que los sueños se desarrollan con mayor intensidad. Solari explicó que es durante esta etapa cuando la persona sueña, mientras que en la fase no REM generalmente no se registran experiencias oníricas. Tanto la ciencia como el psicoanálisis coinciden en que soñar es una experiencia universal, aunque su recuerdo pueda ser efímero.
Con su lenguaje simbólico y su lógica particular, los sueños acompañan a todas las personas, incluso cuando se desvanecen al despertar. Lejos de ser un simple pasatiempo nocturno, constituyen una herramienta para comprender deseos, elaborar conflictos y sostener el equilibrio entre cuerpo y mente.
La falta de recuerdos oníricos puede responder a una represión más activa o, en situaciones excepcionales, funcionar como una señal de alerta para la salud física. En el acto de soñar, cada individuo se encuentra con fragmentos de sí mismo, aun cuando esos recuerdos se diluyan con la luz de la mañana.