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El punto de inflexión llegó con la incorporación de un motor eléctrico de funcionamiento silencioso, alimentado por baterías recargables. Esa innovación dio nacimiento al eFoil, una práctica que fusiona la sensación de “flotar” o deslizarse sobre el agua propia del hydrofoil con la independencia que brinda la propulsión eléctrica.
COMO ES EL DEPORTE ACUÁTICO QUE NO NECESITA MUCHO PARA PODER NAVEGAR
La incorporación de un motor eléctrico y una batería de litio integrada permite desplazarse sin lancha, sin viento y sin depender de las condiciones del agua. El manejo se realiza mediante un control inalámbrico, y la experiencia se asemeja a flotar o volar sobre la superficie. Así lo describe Martín Malarczuk, uno de los impulsores del eFoil en la Argentina.
Su primer contacto con esta disciplina ocurrió cuando vivía en Estados Unidos, donde trabajaba como instructor de esquí náutico. Un alumno suyo contaba con distintos equipos acuáticos y, al verlo utilizar un foil eléctrico, decidió probarlo. La experiencia lo cautivó de inmediato. “Lo más impactante es la libertad: navegar en silencio, solo, sin depender de nada. Cuando la tabla se eleva, la sensación es increíble. Tiene mucho del surf, pero se puede practicar en cualquier condición”, resume.
Ese entusiasmo lo llevó, en 2023, a convertirse en representante de Lift Foils, la empresa fundada en 2010 en Puerto Rico por el ingeniero y surfista Nick Leason, considerada pionera en esta disciplina. Junto a un socio inversor, importó las primeras cuatro unidades al país.
Desde entonces, el eFoil comenzó a expandirse de manera paulatina en la Argentina. Su elevado valor —las tablas oscilan entre los 10.000 y los 20.000 dólares— lo posiciona como un deporte prémium, con llegada inicial a través de importadores especializados y escuelas de deportes acuáticos.
El equipo está conformado por la tabla, un mástil, el hidrofoil (ala delantera, ala trasera y fuselaje), un motor incorporado, una batería de litio sellada y un control remoto inalámbrico para regular la velocidad. Aunque compacto, se trata de un conjunto de alta complejidad tecnológica. “Son tablas fabricadas íntegramente en carbono, con baterías que brindan entre dos y tres horas reales de autonomía, se cargan en aproximadamente una hora y pueden superar los 60 km/h. Son silenciosas, estables y muy resistentes”, detalla Malarczuk, exesquiador profesional e instructor certificado.
Otro referente es Octavio Tate, de 25 años, quien practica deportes acuáticos desde muy pequeño y ostenta el récord de wakeboarder más joven del país. Desde los dos años ya se desplazaba solo por el río y suma experiencia en esquí acuático, wakesurf, wakeskate y wakefoil. “Probé el foil eléctrico la temporada pasada y lo que más me sorprendió fue la independencia que ofrece el motor. No depender de una lancha te permite recorrer el río sin límites. Estar suspendido sobre el agua es algo único”, cuenta Tate, instructor en la WakeSchool de Gabriela Díaz, ubicada en el río San Antonio.
Si bien no se requiere una preparación atlética extrema, los especialistas coinciden en que el eFoil demanda ciertas habilidades básicas para una práctica segura. “El nivel de dificultad es alto, especialmente para quienes no tienen experiencia previa en deportes acuáticos o en foils tradicionales. Es clave contar con buen equilibrio, estabilidad del core, coordinación y capacidad de reacción ante cambios de velocidad, usando rodillas, tobillos y caderas para distribuir el peso”, explica Tate, quien recomienda comenzar con disciplinas como el wakeboard antes de avanzar hacia el foil y, finalmente, al eFoil.
Desde sus orígenes en las costas de Puerto Rico hasta su llegada gradual a la Argentina, el eFoil se afirma como una propuesta de navegación innovadora y futurista, que abre una nueva forma de experimentar el agua.