Encerrada en San José 1111, Cristina restringe su actividad política y busca una alternativa para 2027

Encerrada en San José 1111, Cristina restringe su actividad política y busca una alternativa para 2027

Aislada en su departamento, CFK está convencida de que Milei hegemonizará el debate durante 2026 y aprobará la reforma laboral. Flexibilidad con gobernadores y la búsqueda de un candidato. Debilidad y capacidad de veto.

Cristina Fernández de Kirchner pasó Año Nuevo en el Sanatorio Otamendi y, tras dos semanas de internación, no volvió a reunirse con nadie fuera del círculo de familiares y dirigentes cercanos. La ex presidenta no se hace ilusiones: la Justicia volvió a rechazar su pedido para flexibilizar el régimen de visitas y, limitada en su actividad política, está convencida de que Javier Milei logrará aprobar la reforma laboral en el Congreso. La hegemonía, advierte CFK, es del Gobierno, y así será hasta que el peronismo tenga un candidato para hacerle frente.

La expresidenta festejó cuando la oposición en la Cámara de Diputados logró voltear el capítulo XI del Presupuesto –que derogaba la emergencia en discapacidad y el financiamiento universitario–, pero no pidió sangre cuando el Senado aprobó, con votos peronistas, la derogación de las leyes educativas. Lo venía anticipando desde octubre: tras la victoria electoral de La Libertad Avanza, los gobernadores se alinearían a los intereses de Casa Rosada y el peronismo debía ser flexible para evitar una ruptura

El Gobierno y los sectores económicos están trabajando para que nos rompamos. ¿Qué es lo que tenemos que hacer? No rompernos”, repite CFK a sus interlocutores en San José 1111, que son cada vez menos. La limitación del régimen de visitas fue un duro golpe para la ex presidenta: los dirigentes no desfilan ya por el departamento en donde cumple la prisión domiciliaria, por lo que la actividad política de Cristina se vio drásticamente reducida. Ningún dirigente puede hacer política sin juntarse con gente, advierten en su entorno, y la resolución de la Justicia la dejó fuera del juego.

La reunión con economistas en San José 1111 que llevó a que la Justicia restringiera el régimen de visitas de Cristina Fernández de Kirchner

Aislada y restringida en su capacidad de liderazgo, Cristina se limita a monitorear la actividad de los bloques peronistas en el Congreso (que también entraron en receso debido a las vacaciones). Está convencida de que la reforma laboral, que se comenzará a debatir en febrero, conseguirá los votos para aprobarse. Mira a los gobernadores peronistas, como Gustavo Sáenz (Salta), Osvaldo Jaldo (Tucumán) o, incluso, Elías Suárez (Santiago del Estero), y descuenta que acompañarán con su voto. Mira a la CGT, que está negociando con el Gobierno para proteger los derechos colectivos, y admite que el debate llegará hasta ahí.

Hay que salir de este trago amargo rápido. Hay que oponerse por mandato popular, pero el debate hay que pensarlo: hoy el monotributista con tres trabajos te dice que votes lo que quieras”, reflexiona un dirigente que dialoga diariamente con Fernández de Kirchner, y agrega: “El problema del peronismo es que no tiene proyecto de país, no cómo vota la reforma laboral. Necesitamos un candidato para 2027”. 

La expresidenta está convencida de que Milei hegemonizará el debate público por lo que queda de 2026, y que el peronismo, para hacerle frente, necesita un candidato que sintetice. El objetivo, repiten en el cristinismo, es reeditar la lógica de 2019, cuando la consigna de “todos contra Macri” llevó a poner a Alberto Fernández, con quien CFK estaba peleada hace años, como candidato a presidente y ganar las elecciones en primera vuelta. Aunque esta vez, admiten, es más difícil: el peronismo está más dividido que entonces y la interna fraticida tiene a cada una de las tribus actuando por separado. 

Axel Kicillof, en el plenario de fin de año del MDF

“Estamos desdibujados, y cada uno está más centrado en su proyecto individual que en otra cosa”, desliza un cristinista. El mensaje es para Axel Kicillof, quien ya empezó a trabajar en su proyecto presidencial de cara a 2027, pero también para los gobernadores. Cristina no tiene candidatos para las presidenciales, pero, pese a sus limitaciones –por la inhabilitación, por la prisión domiciliaria, por la pérdida de liderazgo interno– está decidida a continuar siendo quien maneja la lapicera

Los candidatos del peronismo

Kicillof fue el primero que salió a la cancha a disputar la conducción: rompió con CFK, armó su propio espacio (el Movimiento Derecho al Futuro) y se rodeó de muchos de los dirigentes que venían buscando jubilar a la expresidenta hace tiempo. Nada le garantiza, sin embargo, que muchos de los gobernadores o dirigentes de la CGT que lo respaldaron en su aventura independentista lo apoyen, luego, cuando anuncie oficialmente su candidatura. Para muchos de ellos, Kicillof sigue siendo, al final del día, el hijo político de Cristina. Desheredado o no.

Los gobernadores aún sostienen la fantasía de candidatear a uno propio, a un representante del norte, como el santiagueño Gerardo Zamora, aunque sea como parte de la negociación interna. Un sector de la CGT, incluso, llegó hasta pedir por la candidatura de un pastor evangélico que vive en Estados Unidos, como Dante Gebel, ante la ausencia de propuestas dentro del peronismo. 

Juan Grabois y Máximo Kirchner en la Cámara de Diputados

CFK, mientras tanto, no tiene nombres propios, pero deja correr a varios. Como Juan Grabois, uno de los últimos dirigentes no camporistas que visitó a Cristina en la última semana. “Cualquiera que quiera representar a nuestro frente político –Axel, Wado, Massa, Zamora, Mayra, Máximo, Quintela, Moreno, Mariel y desde luego me incluyo, entre otros tantos– tiene que garantizar que el primer día de su gobierno va a firmar el indulto (de CFK) y mandar a juicio político a la Corte Suprema”, advirtió el líder de Patria Grande, luego de reunirse con Cristina. 

Grabois se para en el millón de votos que consiguió durante las PASO de 2023, cuando compitió en la interna con Sergio Massa, y trabaja para repetir su candidatura presidencial en 2027. El diputado nacional, que amenazó hasta último momento con ir por afuera de la lista de unidad del peronismo el año pasado, buscará dejar su huella en el Congreso. El objetivo es polarizar con La Libertad Avanza pero disputar, a su vez, la propia agenda del peronismo (en donde mantiene una relación tirante con el massismo y, después de la disputa por los cuidacoches en Quilmes, con una parte de La Cámpora). 

Hay más nombres circulando –como Massa o Wado de Pedro–, pero ninguno levanta el perfil. La cancha está vacía y quien más aprovecha este espacio es Kicillof, aunque lo hace con autonomía, renuente a retomar el diálogo con Cristina o con Máximo Kirchner. Todos los contactos son a través de interlocutores e, incluso cuando CFK fue internada por la peritonitis, Kicillof prefirió dejarle un mensaje vía su secretario, Mariano. “La relación está rota”, zanja un dirigente kicillofista que dialoga con La Cámpora. 

CFK mira sus movimientos, y no anticipa postura. Más de un camporista advierte la posibilidad de que, pese al quiebre del vínculo personal, Cristina termine eligiendo al gobernador bonaerense como candidato. Pero una cosa es segura: la última palabra la tendrá ella. Debilitada o no, Cristina tiene algo casi tan importante como el liderazgo: capacidad de daño.

MCM/MG