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Lejos de tratarse solo de nervios o preocupación ocasional, la ansiedad puede influir en la forma de pensar, sentir y actuar de manera constante. Especialistas en salud mental advierten que algunos hábitos, reacciones emocionales y modos de vincularse con el entorno funcionan como señales de alerta, incluso cuando la persona logra sostener una vida aparentemente normal.
CUÁLES SON LOS RASGOS DE LAS PERSONAS CON ANSIEDAD SEGÚN LA PSICOLOGÍA
Los especialistas en salud mental señalan que ciertos rasgos de personalidad pueden aumentar la predisposición a sufrir ansiedad y también influyen en la manera en que cada persona enfrenta los problemas diarios.
Uno de los más habituales es la combinación de hiperresponsabilidad y perfeccionismo: quienes la presentan suelen exigirse en exceso, temer al error y castigarse con dureza cuando no alcanzan sus propios objetivos. Según explica la psicóloga Ángela Fernández, ese nivel de autoexigencia termina convirtiéndose en un combustible permanente para la ansiedad.
Otro patrón frecuente es la tendencia a ser excesivamente complaciente con los demás. Son personas que priorizan ayudar, evitan el conflicto y postergan sus propias necesidades por miedo al rechazo. Esta actitud, aunque socialmente valorada, muchas veces deriva en falta de autocuidado y en una acumulación de tensiones y frustraciones. Aprender a poner límites, expresar lo que uno necesita y animarse a decir que no aparece como una herramienta clave para proteger el bienestar emocional.
El tercer rasgo es el llamado neuroticismo, que se asocia con una alta sensibilidad emocional y una reacción intensa frente al estrés. Quienes lo presentan suelen interpretar muchas situaciones como amenazas y permanecen en un estado de alerta casi constante. Actividades como la meditación, el ejercicio moderado o el contacto con la naturaleza pueden ayudar a estabilizar el ánimo y a disminuir los picos de ansiedad.
Los expertos también diferencian entre la “ansiedad rasgo”, que es una predisposición estable a ver el entorno como peligroso, y la “ansiedad estado”, que aparece ante situaciones puntuales. Ambas pueden combinarse y, aunque implican una mayor vulnerabilidad, no son definitivas ni inmodificables. A su vez, remarcan que no es lo mismo miedo que ansiedad: el miedo tiene un objeto concreto, mientras que la ansiedad suele ser difusa, y se vuelve un problema clínico cuando es intensa, persistente y empieza a interferir en la vida cotidiana.