Bosques únicos y miradores inolvidables: así es la escapada destacada para hacer en la Patagonia

Bosques únicos y miradores inolvidables: así es la escapada destacada para hacer en la Patagonia
La Patagonia argentina es sinónimo de paisajes imponentes, lagos de aguas cristalinas y bosques que parecen salidos de una postal. Entre sus rincones más fascinantes, hay destinos que todavía conservan un aire de tranquilidad y cierta sensación de secreto bien guardado, ideales para quienes buscan Escapadas distintas, lejos de los circuitos más masivos y en pleno contacto con la naturaleza.

En ese mapa de lugares imperdibles aparece un pequeño pueblo neuquino que combina montañas, senderos, miradores naturales y uno de los lagos más bellos de la región. Su entorno ofrece una mezcla perfecta entre aventura y descanso: caminatas entre bosques únicos, vistas panorámicas que sorprenden a cada paso y una calma que invita a bajar el ritmo y disfrutar del paisaje sin apuros.

COMO ES LA ESCAPADA PERFECTA PARA HACER EN LA PATAGONIA CON BOSQUES Y MIRADORES DESTACADOS

Para quienes buscan una escapada donde el reloj parezca ir más lento, Villa Traful aparece como una opción ideal. En pleno Parque Nacional Nahuel Huapi, esta pequeña localidad patagónica que recientemente celebró sus 90 años se afirma como uno de los rincones más atractivos del sur del país y una parada casi imprescindible dentro del recorrido por la Patagonia andina.

Su entorno ofrece un contraste sorprendente: en pocos kilómetros, el paisaje cambia del verde intenso del bosque húmedo a la amplitud de la estepa.

El lago Traful esconde uno de los mayores atractivos del lugar: el conocido bosque sumergido, una curiosidad natural que no tiene comparación en otros puntos del mundo. A raíz de un antiguo deslizamiento de tierra, varios árboles de gran tamaño quedaron bajo el agua, pero permanecen erguidos, creando una imagen tan extraña como fascinante que suele dejar sin palabras a quienes lo visitan.

Pero Villa Traful no es solo un destino para mirar: también invita a vivir la experiencia. El pueblo, con su tamaño reducido y sus construcciones de piedra y madera, se integra de manera armónica con los senderos que parten desde el casco urbano hacia la montaña.

La propuesta se completa con una cocina que pone en valor los productos regionales, donde la trucha patagónica ocupa un lugar protagónico en múltiples preparaciones. Por la tarde, las casas de té suman tortas y dulces artesanales de frutos locales, ideales para reponer energías tras una caminata. A eso se agregan opciones como la pesca deportiva y actividades en el lago, como kayak o stand up paddle, que refuerzan la idea de un destino pensado para desconectar de verdad.