Buenos Aires, 24 de mayo de 2026
El tablero del comercio global se mueve a un ritmo vertiginoso, y Argentina, como siempre, intenta encontrar su lugar en este complejo ajedrez. Los recientes movimientos, particularmente los acuerdos con la Unión Europea, nos obligan a una reflexión profunda sobre el modelo económico que deseamos construir y defender.
Desde hace años, el esperado Acuerdo Mercosur-Unión Europea ha sido un horizonte de promesas y controversias. Las voces que alertan sobre sus implicancias no son menores. Como bien se ha señalado, este pacto parece modelar nuestra estructura económica hacia una preeminencia de las actividades primarias exportadoras, restringiendo fuertemente el uso de instrumentos clave para el desarrollo industrial y los servicios modernos. ¿Estamos dispuestos a ceder soberanía en nuestras políticas de fomento industrial a cambio de un acceso diferenciado a mercados? Esta es una pregunta que debería interpelarnos profundamente.
Pero el escenario se complejiza aún más. La renovación del acuerdo comercial entre México y la Unión Europea, con la eliminación de aranceles para el 99% del intercambio, encendió otra luz de alarma. Si bien no es un acuerdo directo con Mercosur, sus efectos reverberan en toda América Latina. México, un mercado relevante para nuestros productos agroalimentarios, ahora ofrecerá ventajas preferenciales a los bienes europeos. Esto significa una competencia redoblada para las exportaciones argentinas en rubros como carnes, lácteos, aceites y preparados alimenticios.
Imaginemos el impacto: productos europeos con arancel cero ingresando a México, desplazando potencialmente a nuestros propios productores. Es un golpe para nuestras cadenas de valor, que ya lidian con sus propias complejidades internas. Si bien nuestras exportaciones de carne vacuna muestran una dinámica firme, impulsadas por la demanda internacional y mejores precios, la menor disponibilidad de hacienda y la caída de la producción local son factores que no podemos ignorar. Un contexto de mayor competencia regional podría erosionar esos márgenes tan duramente obtenidos.
La Argentina tiene la capacidad de producir alimentos de calidad para el mundo, pero no podemos ingenuamente creer que el ‘libre mercado’ por sí solo garantiza un desarrollo equitativo. La eliminación de aranceles y la agilización de accesos sanitarios para exportadores europeos en mercados como el mexicano, nos exigen una estrategia mucho más sofisticada y proactiva.
Es momento de que nuestros decisores políticos y económicos miren el panorama con una visión estratégica de largo plazo. ¿Queremos ser solo el ‘granero del mundo’ o aspiramos a un desarrollo industrial y tecnológico que agregue valor, genere empleo calificado y nos posicione como un actor relevante en la economía del conocimiento? La respuesta no es sencilla, pero la dirección que tomemos frente a estos acuerdos globales definirá, sin dudas, el futuro de nuestra producción y el bienestar de las próximas generaciones de argentinos.
Basado en: www.pagina12.com.ar, www.ambito.com.
