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Tras alcanzar la cima, Phelps atravesó una etapa personal muy difícil: una profunda depresión lo llevó a enfrentar adicciones al alcohol y las drogas, sumergiéndolo en una lucha interna que lo alejó del camino recto y lo obligó a confrontar sus propios límites.
CUÁL ES LA EMOTIVA LUCHA DE MICHAEL PHELPS CONTRA LA DEPRESIÓN
A lo largo de su carrera, acumuló un total de 28 medallas olímpicas, de las cuales 23 fueron de oro, una marca inédita que lo consagró como el atleta más ganador en la historia de los Juegos Olímpicos, el evento deportivo más importante a nivel mundial. Sin embargo, detrás de ese éxito arrollador también hubo momentos oscuros.
Michael Phelps construyó una de las carreras más impactantes de la historia del deporte, pero detrás del dominio absoluto en la pileta convivió durante años con una profunda depresión. El nadador más ganador de los Juegos Olímpicos expuso, ya retirado tras Río 2016, el costado menos visible de la gloria: llegó a pasar cinco días encerrado en una habitación y admitió que hubo un momento en el que no quería seguir viviendo. Así lo contó en entrevistas con CNN y otros medios, donde puso el foco en la salud mental como parte central de su historia.
Antes de hacer público su quiebre emocional, un diálogo clave con el periodista Tim Layden, de Sports Illustrated, marcó un punto de inflexión. Poco después de un arresto en Baltimore, Phelps viajó a Arizona para internarse en un centro de rehabilitación. “Fue el mayor miedo que sentí”, reconoció entonces, cuando el ídolo deportivo empezaba a aceptar que el éxito no lo había blindado frente al sufrimiento.
La natación apareció temprano como refugio. Diagnosticado en la infancia con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y atravesado por conflictos familiares —sus padres se separaron cuando tenía siete años—, encontró en el agua un espacio de calma y control. Aunque al principio rechazó la disciplina, con el tiempo la pileta se convirtió en el lugar donde su mente se ordenaba y su energía encontraba cauce. A los 10 años ya era considerado un talento nacional; a los 15 debutó en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000.
El recorrido fue meteórico. En Beijing 2008, Phelps alcanzó la cima del deporte mundial con ocho medallas de oro y récords históricos que superaron marcas vigentes desde hacía décadas. Sumó 28 preseas olímpicas a lo largo de su carrera, 23 de ellas doradas, y se transformó en una figura global. Sin embargo, tras Londres 2012, cuando volvió a subirse al podio seis veces, el vacío se hizo evidente. “No quería nadar más, ni siquiera vivir”, confesó años después, al relatar episodios de consumo problemático de alcohol y pensamientos suicidas.
La caída del pedestal fue rápida. Una imagen fumando cannabis desató críticas y sanciones, sin que el contexto emocional fuera comprendido. Mientras el mundo exigía ejemplaridad, Phelps atravesaba su momento más frágil. Con el tiempo, eligió contar su experiencia para desarmar estigmas y abrir conversaciones necesarias.
Hoy, alejado del alto rendimiento y vinculado a la natación como analista en grandes eventos, Phelps habla del proceso de recuperación como un trabajo cotidiano. Su testimonio impactó a colegas y atletas de distintas disciplinas. “Está bien no estar bien”, repite, convencido de que visibilizar la depresión también es una forma de ganar.
En la voz del campeón, el mensaje es claro: el mayor récord no siempre se logra en la pileta, sino aprendiendo a pedir ayuda y a cuidar la mente con la misma disciplina que el cuerpo.