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Este deporte está diseñado para ser practicado por niños, jóvenes, adultos, personas mayores y también por personas con discapacidad, lo que lo convierte en una disciplina verdaderamente accesible. Su dinámica prioriza el juego colectivo y la colaboración, dejando de lado la confrontación directa.
COMO ES EL TCHOUKBALL, EL NUEVO DEPORTE QUE SORPRENDE A TODOS
Motivado por la preocupación ante el aumento de la violencia en el ámbito deportivo, Hermann Brandt ideó un reglamento innovador que elimina el contacto físico y la obstrucción directa al rival. El objetivo fue priorizar el desarrollo de las capacidades motrices y técnicas de los jugadores, sin interferencias agresivas. Para lograrlo, tomó recursos del handball —como la pelota y los pases—, del vóleibol —el límite de tres toques— y del squash —el rebote—, integrándolos bajo una lógica que respeta la posesión y favorece un juego fluido y disfrutable para todos.
En esencia, el tchoukball propone reducir los niveles de agresividad tanto en el deporte como en la sociedad mediante una dinámica basada en destrezas simples de adquirir: pasar, recibir y lanzar con la mano sin ser bloqueado. Así lo explica Mauricio Irbauch, licenciado en Educación Física y Deportes, psicomotricista y psicólogo social, quien destaca su valor educativo, recreativo y terapéutico, especialmente en el trabajo con pacientes de psicomotricidad, donde observó mejoras en el desarrollo psicocorporal.
La llegada del tchoukball a la Argentina se produjo en 1986, cuando el profesor Jorge Mayer lo introdujo desde Tramandaí, en el estado brasileño de Rio Grande do Sul. Con el tiempo, su difusión continuó gracias al profesor inglés John Andrews —amigo personal de Brandt—, al propio Irbauch y a Miguel Ángel Pérez, fundador de la Asociación Tchoukball Argentino en Concordia. Desde allí, Pérez impulsó capacitaciones, eventos y federaciones locales, contribuyendo a la expansión nacional de la disciplina, que hoy se practica en más de 100 países de todos los continentes.
Pérez conoció este deporte durante un congreso en Foz de Iguazú y lo incorporó tanto al ámbito escolar como extraescolar. Actualmente dicta cursos de formación para árbitros y entrenadores en distintas provincias y, desde 2014, es director técnico de la selección femenina, con participación en Mundiales Indoor y Beach, además de desempeñarse como árbitro internacional, como ocurrió recientemente en el Mundial Beach de Bali 2025.
Desde el punto de vista reglamentario, el juego consiste en lanzar la pelota contra una red elástica ubicada en un extremo del campo, buscando que, tras el rebote, caiga al suelo fuera de un área prohibida de tres metros sin ser interceptada. Se priorizan la actitud, el trabajo colectivo y el fair play por sobre la potencia física. En su versión indoor se juega siete contra siete, mientras que en beach lo hacen cinco por lado.
Entre los aspectos técnicos se destacan: una cancha de 27 por 16 metros —o 21 por 12 en playa— apta para distintos tipos de superficie; dos cuadros de rebote con redes tensadas; la posibilidad de convertir puntos en ambos extremos del campo; un máximo de tres pases antes del lanzamiento al cuadro; y la prohibición de bloquear al adversario.
El equipo defensor debe atrapar la pelota en el aire tras el rebote para evitar el punto y, al hacerlo, pasa automáticamente al ataque. No se permite caminar más de tres pasos con la pelota, retenerla más de tres segundos ni hacerla picar en el suelo.
El tchoukball puede practicarse en clubes, escuelas, universidades, instituciones deportivas, pero también en geriátricos y centros de rehabilitación o discapacidad. En la Ciudad de Buenos Aires, Irbauch organiza encuentros en el Parque Las Heras y en zonas deportivas cercanas a la avenida del Libertador, además de ofrecer clases demostrativas gratuitas en espacios públicos y privados.
Si bien su desarrollo en Buenos Aires aún es incipiente, la disciplina crece en provincias como Entre Ríos —con sedes en Concordia, Chajarí, Federal y Villaguay— y en Corrientes, particularmente en Mocoretá. Además, se han donado materiales y distribuido cuadros de rebote en provincias como La Pampa, Chubut, Chaco, Santa Fe, San Juan, Santiago del Estero y Buenos Aires.
El único requisito para iniciarse en el tchoukball es la voluntad de aprender una propuesta distinta. Como actividad aeróbica, aporta beneficios físicos como mayor resistencia, velocidad, coordinación y precisión, al tiempo que refuerza valores de cooperación, respeto y convivencia, especialmente valiosos en contextos de integración social.