La industria argentina atraviesa un proceso de desmantelamiento acelerado bajo el actual modelo económico. La empresa Kopelco, fabricante de los preservativos Tulipán, redujo su nómina en un 60%, dejando en la calle a 220 trabajadores en sus plantas de San Martín y San Luis, ante una caída estrepitosa del consumo que afecta incluso a insumos de salud básicos.
En el cordón industrial de Pilar, la firma de baterías Moura anunció el cierre de líneas de producción para sustituir la fabricación local por importaciones desde Brasil, una dinámica que pone en jaque la soberanía productiva y el empleo calificado. A esto se suma la crisis en la textil Mauro Sergio, que ha suspendido a 175 operarios, profundizando la incertidumbre en el sector manufacturero.
Este panorama de cierres no es un hecho aislado: un informe de la Universidad de Buenos Aires advierte sobre una alarmante pérdida de 160 puestos de trabajo formales por día. La destrucción del tejido industrial se consolida como el saldo más doloroso de una política de ajuste que prioriza las metas fiscales por sobre la estabilidad y la dignidad de las familias trabajadoras.
La Mirada de NoticiaHub
Estamos ante un proceso de desindustrialización deliberada que vulnera derechos humanos fundamentales como el acceso al trabajo digno. El cierre de fábricas y la sustitución de producción nacional por importaciones no son efectos colaterales, sino el resultado de una visión económica que pulveriza el mercado interno y entrega la soberanía social a la precariedad extrema.
Fuente: eldiarioar.com

