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Mientras el Presidente se prepara para viajar a Asunción y Davos, su núcleo duro volvió a reunirse por dos horas para alinear mensajes, calibrar la negociación parlamentaria y contener tensiones internas en el arranque del año político.
Mientras Javier Milei se mantiene corrido del pulso cotidiano en Balcarce 50, el Gobierno volvió a activar este viernes la mesa política como mecanismo de orden interno en la antesala de una semana cargada de viajes, exposición internacional y definiciones estratégicas. El Presidente no participó del encuentro y volvió a repetir una dinámica que se hizo habitual en los últimos días: concentrar actividad puntual y luego replegarse en la Quinta de Olivos, lejos del trajín diario de la Casa Rosada.
La reunión, que se extendió durante dos horas y comenzó a las 10 de la mañana, fue encabezada por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien regresó físicamente a Balcarce 50 tras un arranque de mes con actividad mayormente remota. De la mesa chica participaron el ministro del Interior, Diego Santilli; el titular de Economía, Luis Caputo; el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem; su primo Eduardo “Lule” Menem, principal operador político de Karina Milei; la senadora Patricia Bullrich; el asesor presidencial Santiago Caputo; y el secretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Devitt.
Según fuentes oficiales, uno de los ejes centrales del encuentro fue la estrategia del Gobierno frente a la reforma laboral. En ese marco, se repasaron escenarios posibles en el Congreso, el margen real de negociación con gobernadores y bloques dialoguistas, y el timing político para avanzar con una iniciativa que el oficialismo considera prioritaria en el inicio del año. La discusión se dio en paralelo a un esfuerzo por alinear discursos y evitar ruidos internos en una etapa de alta exposición presidencial.
La presencia de Devitt reforzó la idea de que no se trató solo de una reunión de rosca doméstica, sino también de una instancia para encuadrar estratégicamente la agenda política en función del nuevo raid internacional del Presidente. En la Casa Rosada admiten que cada movimiento de Milei en el exterior obliga a extremar la coordinación interna, sobre todo cuando las reformas estructurales vuelven a ocupar el centro del debate.
Ese reordenamiento ocurre mientras Milei encara un viernes de agenda fragmentada pero simbólicamente cargada. Esta noche viajará a Córdoba para participar del festival de Jesús María, una escala pensada para reforzar su vínculo con un electorado propio y territorial. Mañana partirá hacia Asunción, donde firmará el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, un hito largamente postergado que el Gobierno busca exhibir como respaldo internacional a su programa económico.
Desde Paraguay, el Presidente seguirá rumbo a Suiza para participar del Foro Económico Mundial de Davos. Allí, sin embargo, no hablará de inmediato: su discurso está previsto recién para el miércoles de la semana próxima. Ese margen de tiempo es leído en Balcarce 50 como una ventana para ordenar la agenda interna, ajustar el tono político y evitar que la discusión por la reforma laboral y otras iniciativas clave se desordene mientras Milei se mueve en escenarios de alto impacto global.
Puertas adentro, el diagnóstico es compartido: la interna existe, pero no conviene exhibirla. La prioridad sigue siendo administrar tensiones, alinear mensajes y definir qué batallas dar y cuáles postergar. En un año que empieza a leerse en clave 2027, el Presidente vuelve a apostar a la centralidad internacional, mientras su mesa chica se encarga de sostener el delicado equilibrio de la política doméstica.
PL/MG