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Lejos de tratarse únicamente de una costumbre ligada a la apariencia, la psicología explica que se trata de una reacción automática que suele generar un alivio momentáneo de la tensión interna.
QUÉ SIGNIFICA MORDERSE LAS UÑAS SEGÚN LA PSICOLOGÍA
Desde el enfoque de la psicología y la dermatología, los especialistas coinciden en que este hábito no debe interpretarse como una simple falta de autocontrol. En numerosos casos, funciona como una respuesta aprendida por el cuerpo frente al estrés, la ansiedad o determinadas emociones, activándose casi sin que la persona lo note.
Entre los factores más señalados aparece el estrés junto con la ansiedad: cuando la exigencia aumenta, el organismo busca vías inmediatas para liberar tensión. Desde IPSIA Psicología explican que muchas personas adoptan este comportamiento en momentos de inquietud o saturación emocional, incluso sin poder reconocer con claridad qué lo detona. Funciona como una descarga motora breve que aporta calma pasajera.
La falta de estímulos y el aburrimiento también influyen en la repetición del gesto. En esos contextos, las manos demandan movimiento y actúan casi en automático, sin una decisión consciente. Guillermo López Lluch retoma al psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland y su obra Controlled Explosions in Mental Health para describir este mecanismo como una estrategia de autorregulación frente al vacío o la inactividad.
Desde la mirada clínica, morderse las uñas suele entenderse como una herramienta de afrontamiento: la reiteración genera alivio y una sensación momentánea de control. IPSIA Psicología advierte que, en algunos casos, el hábito se asocia a rasgos perfeccionistas o a manifestaciones leves del trastorno obsesivo-compulsivo, lo que refuerza el ciclo al calmar en el corto plazo pero aumentar la frustración después.
A esto se suman las consecuencias físicas. Uñas dañadas, lesiones e infecciones son efectos frecuentes. Laboratorios Urgo señaló que el deterioro visible de las manos puede provocar vergüenza y malestar, emociones que elevan la ansiedad y terminan fortaleciendo la conducta. Así, el efecto termina retroalimentando la causa.
Para interrumpir ese circuito existen estrategias prácticas: mantener las uñas cortas, recurrir a elementos antiestrés, practicar técnicas de respiración o meditación y mantener las manos ocupadas. Cuando la onicofagia interfiere en la vida cotidiana, la terapia cognitivo-conductual muestra buenos resultados. “Permite detectar los disparadores emocionales y desarrollar nuevas formas de afrontamiento, favoreciendo un cambio consciente y duradero en la conducta”, concluyen los especialistas.