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Los tres socios mayoritarios del panperonismo se preparan para acumular poder de cara a 2027. El plan de Kicillof para construir un armado federal y las comparaciones con Larreta. La guerra de los gobernadores. El silencio de Cristina y la reaparición de Massa.
“Que caminen”, respondía Cristina Fernández de Kirchner, antes de ser internada en el Otamendi, cada vez que algún dirigente se le acercaba a hablar de candidaturas para 2027. Ahora lo repiten todos, incluso quienes la detestan. Los gobernadores, que coquetean con presentar un candidato propio mientras esperan que Axel Kicillof resuelva la interna de su provincia. Los camporistas, que no tienen candidato pero apuestan a acumular poder hasta que aparezca uno. Y Kicillof, que ya comenzó la campaña y se prepara para instalarse como presidenciable este año. 2026, el año de la carrera del peronismo.
El apuro de Kicillof -que aprovechó 2025 para distanciarse de CFK y ocupar un lugar en la mesa de los socios mayoritarios del PJ- arrastra siempre la misma crítica entre sus detractores internos. En el kicillofismo conocen la chicana, la escuchan hace más de un año: “Se va a suicidar antes de tiempo y le va a pasar lo que a Larreta”. La interna con La Cámpora, la pelea por el desdoblamiento y el PJ bonaerense, la amenaza de la ruptura en las horas previas al cierre de listas: todos movimientos que, para el cristinismo, fueron pasos en falso, innecesarios, para Kicillof y su Movimiento Derecho al Futuro (MDF) formaron parte un plan.
“Nosotros tenemos una causa que excede lo personal, y tiene una dimensión histórica”, explica uno de los principales soldados del MDF. Kicillof quiere construir una alternativa a Javier Milei en 2027 que exceda las fronteras de la Provincia de Buenos Aires y del peronismo, y quiere ser él quien encabece el proyecto.
Distanciado de Cristina, el próximo paso del gobernador bonaerense es empezar a recorrer las provincias. Juntarse con los gobernadores, allá donde gobierne el peronismo, y aprovechar los armados locales de los intendentes, allá donde no. El enojo que hay en el peronismo del interior con CFK y su brazo ejecutor, Máximo Kirchner, es un insumo que lo vuelve atractivo entre muchos de los caciques del Norte, que despotrican indignados ante la pérdida de poder territorial del peronismo.
“Ustedes quieren seguir perdiendo provincias. Yo no extorsiono a los gobernadores como hacen ustedes con Kicillof”, se defendió, furiosa, la jujeña Carolina Moisés ante la camporista Anabel Fernández Sagasti, luego de haber votado el capítulo 2 del Presupuesto en el Senado. La recriminación no pasó desapercibida en La Cámpora, en donde se apuraron a compartir una foto que la senadora se sacó junto a Kicillof hace casi un año. Insumo para la larga interna fratricida bonaerense. Pero no solo eso: la consolidación de un realineamiento interno que Kicillof buscará aprovechar durante 2026.
Kicillof pretende posicionarse como un primus inter pares de los gobernadores, que están descoordinados y sin un liderazgo que permita alzarse por sobre las necesidades materiales de sus provincias. No será fácil. El acuerdo con los otros jefes provinciales, como Gerardo Zamora (Santiago del Estero) y Gildo Insfrán (Formosa), es que todos caminarán el país y quien tenga más éxito será el candidato.
Kicillof se reunió con Insfrán hace unas semanas. Fue el primero desde que anunció que comenzaría a recorrer el país. Se sacaron una foto y conversaron. Kicillof estaba enojado con la última carta de Cristina, en la que había hablado del “error político” de desdoblar la elección, y le manifestó que había que convocar a otras fuerzas políticas para hacerle frente a Milei. “Primero resolvé la interna de tu provincia”, le respondió Insfrán.
El cristinismo mira los movimientos de Kicillof con sorna. Creen que el gobernador bonaerense se está apresurando en su aventura nacional y que es imposible pensar en candidaturas tan lejos de 2027. Hablan de PASO pero, en el fondo, esperan que haya un acuerdo. El problema es evidente: con Kicillof en la vereda de enfrente, Cristina no tiene un candidato propio competitivo para ofrecer.
“El peronismo no se va a ordenar en 2026. Va a ser una carrera armamentista de todos los sectores para juntar fuerza para 2027”, grafica un peso pesado de La Cámpora, que imagina la posibilidad de un acuerdo con Kicillof. No es el único: son varias las voces que, fuera del núcleo chico de Máximo, deslizan que el gobernador todavía puede ser el candidato natural del kirchnerismo. Que es cuestión de tensar hasta último momento para negociar lugares y, finalmente, acordar, con el ex hijo pródigo devenido en enemigo mortal.
Cristina, sin embargo, no da muestras de lo que quiere hacer. Internada hace más de una semana por un cuadro de apendicitis que derivó en una peritonitis, la ex presidenta está corrida de la escena pública. Está en una situación muy delicada, aunque en su entorno señalan que ya desde antes la ex presidenta había visto limitado su margen de acción. La prisión domiciliaria restringe sus movimientos, especialmente luego de que la Justicia le limitó aún más su régimen de visitas y ahora solo le permite realizar 3 reuniones por semana.
Para afuera, CFK sostiene una premisa: que jueguen todos y en 2027 se verá quien es el mejor candidato. Nunca dice, sin embargo, quién es su candidato. Son sus soldados los que se encargan de llenar el silencio con especulaciones: para algunos es Kicillof, para otros es Sergio Massa y, para otros, es un emergente cualquiera que pueda surgir el año de la elección. Lo que no hay son nombres propios. Nadie menciona ni a “Wado” de Pedro o Mayra Mendoza como candidatos presidenciales. Sí como candidatos a gobernador.
“Que Axel acelere es un problemón porque te obliga a pronunciarte. Y si Cristina no se pronuncia rápido va a ser peor. Porque no tiene la espalda de siempre, la estrella que tenía se debilita”, analiza un referente bonaerense con terminales en el massismo. Los últimos chispazos en Quilmes con Juan Grabois son solo un anticipo, advierte.
Una situación similar vive Massa, quien bajó el perfil desde la derrota electoral en 2023 y no volvió casi a aparecer públicamente durante el gobierno de Milei. Nunca dejó de trabajar, sin embargo. Le gusta imaginarse como el mediador entre Cristina y Kicillof, como antes lo había sido de Cristina con Alberto Fernández. Conversa con todos: gobernadores, peronistas y no peronistas, camporistas y kicillofistas, radicales y libertarios. Organiza asados semanales con ex macristas y tiene el teléfono siempre prendido. A la espera.
El tiempo corre también para el tigrense, sin embargo. Massa quiere ser candidato en 2027 -no termina de definir si para presidente o para gobernador- y está analizando volver a subir el perfil en 2026. Tiene una conversación pendiente con Cristina, con quien dialoga cotidianamente, pero no sobre candidaturas. No sobre la suya, al menos. El ex ministro de Economía sabe que, sin el aval de Cristina, no podrá avanzar mucho.
La ex presidenta, mientras tanto, guarda silencio. En el sanatorio, pero también en San José 1111. Apuesta, de momento, a acumular poder. Un dirigente que la conoce advierte, sin embargo: “El problema es que el poder cada vez está menos relacionado con el electorado. Podés tener poder, pero no tenés gente”.
MCM/CRM