El reciente 25 de Mayo, fecha emblemática de nuestra historia, se esperaba como una jornada de unidad y reflexión sobre los cimientos de la patria. Sin embargo, la conmemoración de este año bajo la administración de Javier Milei se transformó en un espejo de las profundas tensiones y contradicciones que atraviesan al oficialismo, dejando una imagen más fragmentada que cohesionada. Lejos de la austeridad prometida, el evento expuso una interna gubernamental en ebullición, con ecos de crítica eclesiástica y gestos disciplinarios que resonaron más fuerte que cualquier discurso patrio.
Un Tedeum que interpeló al poder
La ceremonia del Tedeum en la Catedral Metropolitana, tradicionalmente un espacio de encuentro entre el poder político y religioso, se convirtió en un púlpito de interpelación directa. El arzobispo Jorge García Cuerva no dudó en señalar a quienes “viven de privilegios” y “perdieron la sensibilidad con los que sufren”, un mensaje que caló hondo en un contexto de ajuste severo y creciente desigualdad. La ausencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien no fue invitada por la Secretaría General de la Presidencia, añadió una capa más de misterio y especulación sobre las relaciones internas en la cúpula del Ejecutivo, desdibujando cualquier intento de mostrar una imagen de cohesión.
Las grietas del Gabinete al descubierto
Más allá de la solemnidad religiosa, la jornada del 25 de Mayo sirvió para visibilizar las profundas fisuras dentro del Gabinete. La reunión posterior en Casa Rosada, presentada como un gesto de unidad, no pudo ocultar los cruces entre el ala de Santiago Caputo y el sector de los Menem, cercanos a Karina Milei. En este escenario de disputas, el respaldo explícito del Presidente y su hermana a Manuel Adorni, quien enfrenta causas judiciales por presunto enriquecimiento ilícito y una inminente citación a indagatoria, no hizo más que recalcar la gravedad de la situación y la determinación oficial de proteger a sus cuadros, incluso bajo escrutinio judicial.
El costo de la disciplina interna
La tensión alcanzó su punto álgido con la figura de Patricia Bullrich. Relegada en el protocolo previo al Tedeum y, posteriormente, negada su entrada al Cabildo para el Himno Nacional bajo un argumento formal que no aplicó a otros asesores, la ministra de Seguridad fue objeto de una clara medida disciplinaria. Este gesto se interpretó como una respuesta a su presión pública sobre Adorni para que presentara su declaración jurada, evidenciando que las diferencias internas no se dirimen a puertas cerradas, sino a través de escenificaciones públicas que buscan marcar límites y lealtades. La imagen de un gobierno que castiga a sus propios miembros por exigir transparencia es, cuanto menos, preocupante.En definitiva, el 25 de Mayo de Javier Milei fue una jornada que, lejos de consolidar una imagen de gobierno fuerte y unido, expuso sus vulnerabilidades. Las críticas de la Iglesia, las ausencias estratégicas, las disputas internas y los gestos de disciplinamiento revelaron un Ejecutivo más preocupado por sus propias batallas de poder que por la construcción de un consenso nacional. La austeridad oficial no logró disimular las profundas grietas que, a la luz de un día patrio, se hicieron dolorosamente evidentes para toda la sociedad argentina.

