El Gobierno se muestra firme ante la CGT y advierte que un paro “no sería bien visto”

El Gobierno se muestra firme ante la CGT y advierte que un paro “no sería bien visto”

Tras aislar a los gobernadores y enfriar el diálogo con el sindicalismo, la Casa Rosada cree tener los votos para aprobar la reforma laboral. La central obrera intenta ganar tiempo y define si endurece el conflicto.

En la Casa Rosada siguen con atención los movimientos de la CGT, pero ya no con la expectativa de una negociación real. A días del debate por la reforma laboral en el Senado, el oficialismo cree haber neutralizado a la central obrera y desarticulado cualquier intento de construir un frente político capaz de frenar la sesión del miércoles 11. “La ley todavía no está votada, pero el clima político ya está definido”, delizan en el Gobierno, convencidos de que el sindicalismo quedó sin aliados decisivos y con un margen de maniobra cada vez más estrecho.

Ese diagnóstico se apoya en una secuencia precisa. En menos de 48 horas, La Libertad Avanza logró desarmar dos movimientos que amenazaban con converger: la reunión de mandatarios provinciales que impulsaba el riojano Ricardo Quintela y el intento de la CGT de sentarse con gobernadores “de centro” para articular una estrategia común contra la reforma. En Balcarce 50 atribuyen esa maniobra al trabajo del ministro del Interior, Diego Santilli, que intercedió para evitar una foto que pudiera leerse como un bloque opositor ordenado.

En diciembre pasado, la CGT marchó a Plaza de Mayo.

La operación tuvo éxito. Gobernadores peronistas no kirchneristas que hasta último momento estaban firmes terminaron bajándose. También quedó desactivada la reunión que el triunvirato que conduce la CGT —conformado por Jorge Sola (Seguro), Cristian Jerónimo (Vidrio) y Octavio Argüello (Camioneros)— tenía prevista con Martín Llaryora y Maximiliano Pullaro. En Azopardo aseguraron que hubo presión política directa y en el Gobierno no lo negaron: el objetivo era impedir que el sindicalismo encontrara interlocutores con peso territorial.

Pero el enfriamiento del vínculo entre la Casa Rosada y la CGT no empezó esta semana. Según admiten en el oficialismo, el diálogo informal que se había sostenido durante la última parte del 2025 se rompió después de que la central sindical difundiera un duro comunicado contra el DNU de reforma de la SIDE. En Balcarce 50 no cayó bien. “Se portaron mal”, sintetizó un alto funcionario, que interpretó ese posicionamiento como una señal de ruptura política. Desde entonces, aseguran, la disposición a negociar se evaporó.

Santiago Caputo al ingresar a la Casa Rosada. A lo largo de estos dos años de gobierno libertario, fue uno de los interlocutores predilectos de la CGT.

A lo largo de los dos años de gobierno libertario, el principal puente del mileísmo con la CGT supo ser Santiago Caputo, interlocutor silencioso en los momentos más delicados del vínculo. En el oficialismo admiten que ese canal nunca terminó de cerrarse del todo, aunque hoy funciona con mucha más discreción y sin capacidad para revertir el endurecimiento público del conflicto.

Con ese telón de fondo, el Gobierno avanzó sin contemplaciones. Mientras este miércoles los gobernadores Axel Kicillof, Gildo Insfrán y Quintela se reunían sin foto en La Plata junto a los triunviros de la CGT, en la Casa Rosada sí hubo imagen política: Santilli volvió a mostrarse con el correntino Juan Pablo Valdés, clave para garantizar tres votos en el Senado. En el oficialismo consideran que ese tipo de acuerdos terminó de sellar el escenario.

Diego Santilli y Manuel Adorni junto al gobernador de Corrientes, Juan Pablo Valdés

Es que la sensación de derrota empezó a filtrarse también en el peronismo y el sindicalismo. Varios senadores opositores dan por hecho que el Gobierno ya tiene los votos para aprobar la reforma laboral, que incluye cambios sensibles como el fraccionamiento de vacaciones, la limitación de la huelga y el impacto sobre el financiamiento de las obras sociales. El pedido formal de sesión que Patricia Bullrich envió a Victoria Villarruel, con la firma de los 44 senadores no kirchneristas, reforzó esa percepción. En Balcarce 50 lo leyeron como una demostración de fuerza.

Tiempo y calle, las cartas que quedan

Frente a ese escenario, la CGT intenta ganar tiempo. El objetivo inmediato es postergar la sesión y sacarla del período de extraordinarias. “Es el único triunfo posible”, admitieron a elDiarioAR dirigentes sindicales. Sin embargo, el margen es estrecho. Las conversaciones informales con el Gobierno se enfriaron y la central llega dividida al tramo final.

La CGT y su nuevo triunvirato integrado por Jorge Sola (Seguro), Cristian Jerónimo (Vidrio) y Octavio Arguello (Camioneros).

El consejo directivo cegetista se reunirá este viernes para definir los próximos pasos. Hay consenso en que debe anunciarse un plan de lucha, pero no hay acuerdo sobre convocar o no a un paro general. La conducción tradicional teme quedar aislada frente a una administración que, entienden, todavía conserva apoyo social. El ala más dura —empujada por la UOM, las CTA y sectores cercanos a Pablo Moyano— reclama una respuesta más contundente.

En paralelo, gremios combativos ya comenzaron a movilizarse en Córdoba y Rosario para “federalizar” la protesta. Este jueves, el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU), que integran ATE, la UOM, Aceiteros, Aeronáuticos y más de un centenar de gremios, encabezó una movilización en Córdoba contra la reforma laboral. El secretario general de ATE, Rodolfo Aguiar, apuntó directamente contra los gobernadores que negocian con la Casa Rosada: “Son cagones, su cobardía nos está llevando puestos a los argentinos”.

La UOM, ATE, Aceiteros y Aeronáuticos, detrás de la presión sindical a la CGT por la reforma laboral.

Además, ATE anunció un paro nacional con movilización al Congreso el mismo día en que el proyecto sea tratado en el Senado. Desde el gremio sostienen que el capítulo fiscal de la iniciativa perjudica a las provincias, con una pérdida estimada de 1,9 billones de pesos anuales en recaudación. El endurecimiento del ala sindical más combativa expone las tensiones internas en la CGT, cuya conducción aún duda en convocar a una huelga general.

En en el entorno de Javier Milei observan esos movimientos con preocupación moderada. En línea con las distintas voces en off que circulan por los pasillos de Balcarce 50, el secretario de Trabajo, Julio Cordero, salió a advertir este jueves que un paro “no sería bien visto” y defendió la reforma como una actualización necesaria del marco laboral, sin quita de derechos. El funcionario sostuvo que el proyecto no elimina conquistas laborales sino que busca ordenar el mercado de trabajo, reducir la informalidad y adaptar la normativa a las nuevas dinámicas productivas.

El secretario de Trabajo, Julio Cordero.

En ese sentido, durante una entrevista con Radio Mitre, marcó que la iniciativa permite mayor flexibilidad en la organización del empleo “sin afectar derechos adquiridos”, y aseguró que el aguinaldo no está alcanzado por los cambios. Cordero también cuestionó la convocatoria a medidas de fuerza en medio del debate parlamentario y advirtió que la sociedad “espera soluciones y no conflictos”.

En la CGT insisten en que la batalla no está perdida. “No damos por perdida la posibilidad de que no se trate”, dijo el triunviro Jorge Sola en una entrevista con El Destape. En el Gobiermo, en cambio, creen que lo más difícil ya pasó. Si logran llegar al miércoles sin un paro general que altere el clima político, descuentan que la reforma laboral quedará aprobada y que la central sindical habrá quedado, una vez más, corriendo de atrás.

PL/CRM