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El Gobierno concretó en Washington la firma de un acuerdo para profundizar el intercambio comercial y promover inversiones con EE.UU. El entendimiento incluye reducción de aranceles, compromisos en propiedad intelectual y cooperación en sectores estratégicos.
El Gobierno argentino concretó este jueves un nuevo paso en su estrategia de alineamiento internacional al firmar un Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco con los Estados Unidos. La rúbrica se realizó en Washington y fue confirmada por el canciller Pablo Quirno tras un encuentro con autoridades de la Oficina del Representante Comercial estadounidense (USTR).
“Acabamos de salir de la firma del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco entre Argentina y Estados Unidos. Felicitaciones a nuestro equipo y gracias al equipo del @USTradeRep por construir juntos este gran acuerdo”, escribió Quirno en sus redes sociales, donde celebró el entendimiento como un paso decisivo para el futuro económico del país. “La Argentina será próspera”, concluyó el funcionario.
El acuerdo había recibido aval político durante la cumbre que el presidente Javier Milei mantuvo con Donald Trump en la Casa Blanca, pero la firma formal se había demorado por cuestiones de agenda interna en Estados Unidos. Tras una negociación mantenida con bajo perfil, el entendimiento quedó finalmente sellado y se inscribe dentro de lo que ambos gobiernos definen como una alianza estratégica basada en valores democráticos, libre empresa y mercados abiertos.
Aunque el texto definitivo aún no fue difundido en su totalidad, desde Washington se detallaron los principales ejes del acuerdo, que apunta a profundizar la cooperación bilateral en comercio e inversiones, fomentar la llegada de capitales y reconfigurar el vínculo económico entre ambos países.
Uno de los pilares centrales es la reducción y eliminación recíproca de aranceles para sectores considerados estratégicos. Argentina otorgará acceso preferencial al mercado estadounidense para exportaciones de medicamentos, productos químicos, maquinaria, tecnología de la información, dispositivos médicos, vehículos automotores y una amplia gama de productos agrícolas. A cambio, Estados Unidos eliminará aranceles sobre ciertos recursos naturales no disponibles en su territorio y sobre insumos farmacéuticos no patentados.
El acuerdo también contempla mejoras en el acceso bilateral para la carne vacuna, uno de los reclamos históricos del sector agroexportador argentino, y establece mecanismos para abordar barreras no arancelarias que afectan el comercio de alimentos.
En materia de propiedad intelectual, la Argentina se comprometió a reforzar la aplicación de la ley contra la falsificación y la piratería -incluido el entorno digital- y a armonizar su régimen con los estándares internacionales, un punto especialmente valorado por la administración estadounidense.
Otro capítulo relevante es el de acceso a mercados agrícolas. Según el borrador del entendimiento, Argentina abrió su mercado al ganado bovino vivo estadounidense, permitirá el ingreso de aves de corral de ese país en el plazo de un año y acordó no restringir el uso de determinadas denominaciones para quesos y carnes. Además, simplificará los procesos de registro para carne bovina, productos porcinos, vísceras y derivados, y eliminará la exigencia de registro de instalaciones para importaciones de lácteos estadounidenses.
El acuerdo incorpora, además, compromisos en materia laboral, con la adopción de una prohibición a la importación de bienes producidos mediante trabajo forzoso u obligatorio, y el refuerzo de la legislación vigente. En el plano ambiental, la Argentina se comprometió a combatir la tala ilegal, promover una economía más eficiente en el uso de recursos -incluidos los minerales críticos- y cumplir plenamente con las obligaciones de la Organización Mundial del Comercio en materia de subsidios a la pesca.
En el capítulo de seguridad económica, ambos países acordaron alinearse para enfrentar prácticas no mercantiles de terceros Estados, armonizar criterios sobre control de exportaciones, seguridad de inversiones y evasión arancelaria, y cooperar en sectores estratégicos como los minerales críticos y el comercio global de soja.
Finalmente, el entendimiento incluye un compromiso para abordar distorsiones provocadas por empresas estatales y subsidios industriales que puedan afectar la relación comercial bilateral, un punto sensible dentro de la agenda económica impulsada por la Casa Rosada.