“Es volver a la edad de Piedra”: cómo el desfinanciamiento científico empieza a impactar en la vida cotidiana

“Es volver a la edad de Piedra”: cómo el desfinanciamiento científico empieza a impactar en la vida cotidiana

En dos años el CONICET se achicó en un 32%. El recorte ya se traduce en diagnósticos que no llegan, proyectos paralizados, controles suspendidos y una pérdida de capacidades “irreversible”.

El ajuste en el sistema científico ya empezó a traducirse en efectos concretos que exceden a los laboratorios. Diagnósticos que no llegan, desarrollos que se frenan, controles que dejan de hacerse y tratamientos que se vuelven inviables forman parte de una misma cadena que conecta el desfinanciamiento con la vida cotidiana. “Es una catástrofe, es volver a la edad de Piedra”, advierten científicos del sector. “Toda una generación va a ser sacrificada para recomponer estos dos años de destrucción y, si esto se extiende, los efectos van a ser irreversibles”, coinciden, palabras más, palabras menos, todos los entrevistados consultados por elDiarioAR.

“La ciencia está todos los días en la sanidad de los alimentos, en el agua potable, en el transporte, en los medicamentos y en las vacunas”, explica Raquel Chan, la investigadora que lideró el desarrollo del trigo transgénico tolerante a la sequía HB4, aprobado el año pasado sin restricciones para su cultivo en Estados Unidos. Pese a ese logro de proyección internacional, señala que su equipo, si bien recibe financiamiento de “Redes de Alto Impacto”, atraviesa hoy una situación crítica porque “la ciencia no se puede hacer en forma aislada”.

En los laboratorios universitarios y del CONICET, el impacto se expresa en proyectos suspendidos o directamente paralizados. Valeria Levi, vicedecana de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, describe investigaciones que no pueden avanzar por falta de insumos básicos o de recursos para pruebas indispensables.

Fuente: Elaboración propia IAG en base a Presupuesto Abierto

“Desde el desarrollo de ingredientes alimentarios con antioxidantes hasta el control de calidad de medicamentos y el monitoreo ambiental de ríos, todo está paralizado”, advierte. “Sin campañas, equipos ni personal técnico, esos trabajos dejan de realizarse y sus efectos empiezan a sentirse fuera del ámbito científico. Desfinanciar la ciencia es la muerte de un país”.

La pandemia, agrega Levi, expuso hasta qué punto esas capacidades son estratégicas. “Hisopos, tests, barbijos, insumos críticos, todo eso lo desarrolló el sistema científico argentino. Nada aparece de la nada”, recuerda. “Todo lo que usamos a diario -desde análisis clínicos y vacunas hasta alimentos, telas para enfríar o transporte- fue posible porque, en algún momento, los países decidieron financiar investigación científica”.

La parálisis también alcanza áreas menos visibles pero centrales para las políticas públicas. Según Francisco Gelman Constantin, becario y delegado gremial del Conicet, sin producción de conocimiento actualizado se dañan procesos como los programas educativos focalizados o las mejoras habitacionales en territorios vulnerables, que dependen de diagnósticos locales recientes. Algo similar ocurre en la salud: investigaciones genéticas que permiten personalizar tratamientos oncológicos se realizan hoy en laboratorios al borde de detenerse por falta de reactivos y de personal. “El efecto no siempre es inmediato, pero se frena la cascada. Lo que no se investiga hoy deja de ser posible mañana”, resume.

En el campo biomédico, las consecuencias ya son directas. Jorge Geffner, director del Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y SIDA (INBIRS, UBA–CONICET), señala que el ajuste forzó la salida de investigadores y dejó proyectos estratégicos completamente detenidos, entre ellos estudios orientados a la cura del VIH y a tumores agresivos del sistema nervioso. Gelffner asegura que las iniciativas aprobadas sin financiamiento limitan diagnósticos tempranos y mejores decisiones terapéuticas, mientras la reducción de políticas de prevención y testeo agrava problemas sanitarios existentes. “Avances que podrían mejorar la vida de miles de personas quedan suspendidos indefinidamente”, advierte.

“Destrucción irreversible”

En 2025, el gasto real del CONICET cayó 17% interanual y acumuló una reducción del 32% respecto de 2023, según el Instituto Argentina Grande (IAG). El ajuste alcanzó también a la Agencia I+D+i, el INTI y el INTA. Las universidades nacionales lograron amortiguar parcialmente el impacto tras meses de conflicto presupuestario, aunque aun así registraron una baja real del 1,5%.

El Estado gastó menos en el CONICET en 2025
que en 2024. Lo mismo pasa con la ciencia. Fuente: Elaboración propia IAG en base a Presupuesto Abierto.

Lejos de tratarse de un proceso transitorio, distintas voces del sistema científico advierten que la pérdida de recursos ya está provocando un daño estructural. “La ciencia necesita masa crítica y una historia acumulada. Cuando eso se pierde, reconstruirlo no lleva meses ni años, sino generaciones, o incluso puede volverse irreversible”, señala Levi, integrante de la Red de Autoridades de Institutos de Ciencia y Tecnología (RAICYT).

Un presupuesto que consolida el ajuste

El escenario se agravó con la aprobación del Presupuesto 2026, el primero de la gestión de Javier Milei. La ley mantiene una reducción del gasto real del 2,5% interanual y deroga la garantía legal que fijaba un piso mínimo de inversión para el sistema científico (0,52% del PBI). Según Chequeado, el gasto en ciencia y tecnología caerá 10,7% en términos reales este nuevo año, consolidando el ajuste iniciado en 2024.

Para el IAG, la escasez de recursos responde también a decisiones fiscales que resignaron recaudación y luego se utilizan como argumento para justificar el recorte. Con esos ingresos, sostienen, hubiera sido posible mantener un presupuesto del CONICET equivalente al de 2023 o garantizar la continuidad de convocatorias hoy suspendidas.

Proyectos anulados y una cadena que se corta

A la poda presupuestaria se sumaron decisiones administrativas que profundizaron la incertidumbre. Las direcciones de los Centros Científicos Tecnológicos (CCT) del CONICET denunciaron la anulación de convocatorias PICT 2022 ya adjudicadas, el cierre del PICT 2023 y nuevas modalidades que excluyen áreas completas del conocimiento, en especial las ciencias básicas. Proyectos evaluados y aprobados quedaron sin financiamiento.

Fuente: Elaboración propia IAG en base a Presupuesto Abierto.

Los PICT son una herramienta central porque financian insumos, equipamiento, mantenimiento de laboratorios y formación de recursos humanos. “La Agencia I+D+i es el corazón del sistema científico”, explica Levi. “La ciencia no se divide entre básica y aplicada, es un continuo. Cuando se corta un eslabón, se pierde todo”.

El ajuste golpea con más fuerza en las provincias. “Hay institutos del interior que no pueden pagar un pasaje para usar equipamiento en una gran ciudad”, describe.

Salarios que no alcanzan y controles que expulsan

El deterioro también se expresa en las condiciones laborales. Según el delegado Gelman, los salarios perdieron alrededor del 40% de su poder adquisitivo real, mientras que en la Agencia I+D+i permanecen congelados desde hace casi dos años. Las becas doctorales rondan los 700 mil pesos y las posdoctorales los 950 mil, con un salario promedio apenas por encima del millón.

En ese contexto, comienzan a aparecer casos de científicos que toman otros trabajos, desde oficios hasta servicios informales. Sin embargo, el CONICET exige exclusividad laboral y, según denuncian desde el gremio, los controles se volvieron más exhaustivos. “Se cruzan datos de manera cada vez más minuciosa y se usan esas incompatibilidades como pretexto para reducir la planta”, advierte. Las sanciones incluyen la cancelación de becas y la obligación de devolver ingresos, lo que en la práctica funciona como un despido.

La estrella culona coronó el árbol de Navidad de una protesta de científicos contra el ajuste del Gobierno en diciembre.

Laboratorios vacíos y consecuencias directas

La falta de insumos y personal implica investigaciones suspendidas con impacto directo en la sociedad. El sistema científico también participa en peritajes judiciales, control de agua y alimentos, asesoramiento legislativo y servicios tecnológicos.

En áreas como VIH, cáncer y tuberculosis, el ajuste ya dejó daños concretos. Geffner advierte que cerca del 90% de los grupos de investigación quedó sin financiamiento. Entre los proyectos paralizados hay estudios sobre cura del VIH, glioblastomas y coinfección VIH-tuberculosis. En su instituto se perderán 11 profesionales en pocos meses y el ingreso a la Carrera del Investigador se redujo en torno al 80%, dejando sin horizonte a una generación formada durante años.

En paralelo, se desmantelaron áreas estatales de prevención y testeo. En un país donde hasta el 30% de las personas con VIH no conoce su diagnóstico, la caída de campañas implica más contagios evitables, según el investigador.

El resultado del ajuste en ciencia es una “fuga creciente de talentos”, situación que los especialistas consideran como lo más “dramático”. Equipos con décadas de trabajo se desarman y se interrumpe el retorno de científicos formados en el exterior. “Cuando la masa crítica cae por debajo de cierto nivel, la reconstrucción deja de ser solo difícil y pasa a ser inviable”, alerta Levi. Y Chan concluye: “El desfinanciamiento no solo frena o anula proyectos sino que desalienta a los jóvenes a involucrarse en carreras científicas y genera las consecuencias más graves a mediano y largo plazo”.

LN/MC