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Sin embargo, los especialistas señalan que este comportamiento no siempre implica una fobia en sentido clínico. A veces, es simplemente una forma en la que la mente expresa cautela, recuerdos de situaciones incómodas o incluso una personalidad más orientada a la seguridad que a la aventura.
QUÉ SIGNIFICA QUE NO TE GUSTE METERTE AL MAR SEGÚN LA PSICOLOGÍA
El psicólogo Martin Antony, docente de la Toronto Metropolitan University, sostiene que la tendencia a evitar aguas profundas tiene raíces evolutivas: el cerebro humano está programado para detectar posibles peligros en contextos donde se pierde el control, como ocurre en el mar abierto. Esta reacción no siempre aparece como un miedo explícito, sino que muchas veces se expresa como una sensación de incomodidad, rechazo o simple falta de interés por meterse al agua.
Desde el plano emocional, el mar funciona como un escenario incierto: no se conoce su profundidad exacta, hay corrientes, olas y no existe un apoyo firme bajo los pies. Para algunas personas, ese conjunto de factores activa de manera automática una señal interna de alerta, incluso cuando saben racionalmente que no hay un riesgo inmediato. En estos casos, no se trata necesariamente de una fobia, sino de un mecanismo de autoprotección.
Por otro lado, investigaciones sobre la acuafobia y las conductas de evitación, como las difundidas por la Cleveland Clinic, indican que ciertas experiencias del pasado (por ejemplo, haber tragado agua, sufrido una caída o presenciado una situación peligrosa) pueden dejar una marca emocional que sigue influyendo en la adultez, aun cuando ese recuerdo no esté presente de forma consciente.