Estuvo grave por un accidente en un trampolín y 10 años después triunfó en los Juegos Olímpicos de Invierno: de quien se trata

Estuvo grave por un accidente en un trampolín y 10 años después triunfó en los Juegos Olímpicos de Invierno: de quien se trata
En los Juegos Olímpicos de Invierno, la trayectoria de Jake Canter se convirtió en un ejemplo de perseverancia dentro del alto rendimiento. El miércoles 18 de febrero, el rider estadounidense logró la medalla de bronce en la competencia masculina de slopestyle disputada en Livigno, Italia.

Con apenas 22 años, Canter alcanzó el podio tras una actuación destacada, ubicándose por detrás del japonés Taiga Hasegawa, quien obtuvo la presea de plata, y del chino Su Yiming, que se consagró campeón al quedarse con el oro.

QUIÉN ES EL DEPORTISTA QUE TUVO UN ACCIDENTE PERO 10 AÑOS DESPUÉS SE DESTACÓ EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE INVIERNO

En 2016, cuando tenía apenas 13 años, la vida de Jake Canter cambió de manera abrupta. Mientras entrenaba con trampolines, otro deportista chocó con él en el aire y el impacto fue devastador. Sufrió una fractura de cráneo y una hemorragia cerebral que, según la biografía del U.S. Olympic & Paralympic Committee, le dejaban apenas un 20% de probabilidades de sobrevivir.

El panorama inicial era crítico. Los médicos fueron tajantes respecto de la gravedad del cuadro y su entorno atravesó días de enorme incertidumbre. Aquel episodio marcó el inicio de una batalla prolongada tanto en el plano físico como emocional.

Contra todo pronóstico, su evolución sorprendió incluso a los especialistas. Un año después del accidente, volvió a subirse a la tabla, aunque el camino estuvo lleno de obstáculos. El traumatismo craneoencefálico generó complicaciones persistentes que requirieron controles constantes y tratamientos específicos.

Durante ese proceso, sufrió una pérdida de líquido cefalorraquídeo que derivó en meningitis bacteriana. Tras dos semanas con un fuerte dolor de oído, fue hallado inconsciente por su familia y trasladado de urgencia a un hospital, donde los médicos decidieron inducirle un coma para estabilizarlo. Superado ese momento límite, logró recuperarse y, pocos meses después del alta, retomó los entrenamientos con una determinación aún mayor.

Las secuelas fueron permanentes: perdió completamente la audición del oído derecho. Desde entonces, debió adaptarse a esa limitación tanto en su vida cotidiana como en la competencia. Las consecuencias del traumatismo y la infección dejaron huellas duraderas, obligándolo a redefinir su preparación y su manera de afrontar el alto rendimiento.

En 2019, en diálogo con The Summit Daily, confesó: “No tenía idea hasta que desperté y pensé que estaba muerto”. En esa misma entrevista reconoció que experiencias de tal magnitud transforman por completo la perspectiva: todo adquiere un tinte casi irreal después de atravesar algo así.

Antes de la final de slopestyle en Livigno, mostró un costado más relajado. La noche previa compartió en Instagram Stories la imagen de un set de Lego de Star Wars ya armado, acompañado por el mensaje: “Preparación para la final”.

El bronce conseguido en Livigno trasciende lo meramente deportivo. Para Canter, esa medalla simboliza diez años de superación, resiliencia y crecimiento personal frente a desafíos que, en su momento, parecían imposibles de superar.