El reciente episodio que involucra a Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, y las llamadas “Fuerzas del Cielo” del oficialismo, ha vuelto a exponer la fragilidad interna de La Libertad Avanza. La frase “Se resuelve en el vestuario”, utilizada por Menem para minimizar el conflicto, lejos de apaciguar, subraya una preocupante tendencia a la opacidad en la gestión de las diferencias políticas que deberían ser transparentes ante la ciudadanía.
La Ficción del “Vestuario” y la Realidad de la Lucha por el Poder
La disputa, que escaló públicamente por la supuesta vinculación de Menem con una cuenta anónima de X (@PeriodistaRufus) que criticaba a figuras del propio gobierno, es mucho más que un mero entredicho digital. Aunque Menem atribuyó el incidente a un error de su equipo y negó rotundamente el manejo de la cuenta, las “pruebas” difundidas desde el sector de Santiago Caputo, incluyendo un tuit con un link que redirigía a la cuenta oficial de Menem, complejizan su defensa. Este cruce no es una anécdota, sino el síntoma de una profunda lucha por el control político y la sucesión interna del poder libertario.
Grietas en la Estructura: Cuando lo Privado Afecta lo Público
La idea de que las diferencias se “resuelven en el vestuario” es un intento de trasladar la lógica deportiva a la política, pero con un costo elevado para la institucionalidad. En un gobierno que se precia de la transparencia y la comunicación directa, la opacidad en la resolución de conflictos internos genera desconfianza y debilita la imagen de cohesión. Esta dinámica es particularmente riesgosa para una fuerza política que, como bien señaló Menem, cuenta con una minoría legislativa sin precedentes. La capacidad de articular acuerdos y avanzar en la agenda legislativa depende intrínsecamente de la unidad y la confianza entre sus propios actores.
El Impacto en la Gobernabilidad y la Democracia
Lo que se dirime en esta interna va más allá de nombres y facciones; se juega la capacidad de gobernar. La disputa entre el sector de Karina Milei y los Menem, por un lado, y el esquema digital de Santiago Caputo, por el otro, atraviesa el Gabinete, la estrategia comunicacional y el armado electoral. Mientras en Casa Rosada se intenta mostrar normalidad, la tregua parece cada vez más endeble. Un gobierno inmerso en sus propias contradicciones internas corre el riesgo de desviar el foco de los problemas reales de la ciudadanía y de erosionar su legitimidad. La política no es un partido de fútbol que se juega a puertas cerradas; es la gestión de los asuntos públicos, y como tal, exige madurez, responsabilidad y, sobre todo, transparencia.
Conclusión: La Fragilidad de una Coalición en Tensión
En definitiva, el episodio del “vestuario” de Martín Menem es una clara señal de la fragilidad de la coalición gobernante. Las disputas internas, lejos de ser meros roces, evidencian una tensión estructural por el control del poder que, si no se gestiona con la seriedad y la transparencia que demanda la función pública, amenaza con socavar la gobernabilidad y la confianza en las instituciones democráticas. La ciudadanía merece una política que se juegue a cielo abierto, no en los oscuros pasillos de un vestuario.

