Miedo en Groenlandia ante las amenazas de Trump: “Temo que Estados Unidos nos traiga su violencia”

Miedo en Groenlandia ante las amenazas de Trump: “Temo que Estados Unidos nos traiga su violencia”

Muchos ciudadanos en Nuuk hablan de alarma, pensamientos de huida y falta de información sobre qué hacer si Estados Unidos invade el territorio.

Cuando Najannguaq Hegelund vivía en Dinamarca, le resultaba reconfortante pensar en Groenlandia como un lugar absolutamente seguro. Si el mundo sufría alguna turbulencia, siempre hacía la misma broma con sus familiares: “Bueno, nos vamos a Groenlandia, allí nunca pasa nada”.

Hegelund, que tiene 37 años, ha comprendido de repente que la premisa del chiste ya no sirve. En las dos últimas semanas, Donald Trump ha amenazado una y otra vez con emprender acciones militares contra este territorio ártico, que forma parte del reino de Dinamarca, aunque dispone de un alto grado de autonomía. El presidente estadounidense sostiene que lo “necesita” por una cuestión de seguridad nacional. Para conseguir su propósito podría presionar imponiendo aranceles a Dinamarca y al resto de países que se oponen a la anexión, tal y como ha advertido el viernes.

“Mira adónde hemos llegado”, dice Hegelund, riendo con incredulidad. “Es una locura”. Como muchos de los 57.000 habitantes de Groenlandia, estos días ha estado pensando en planes de evacuación ante una posible invasión estadounidense, en si huir o no de antemano a Dinamarca y en cómo responder a las preguntas de sus hijos sobre la posibilidad de convertirse en estadounidenses.

¿Cómo enfrentarse a algo así cuando nunca se ha vivido nada parecido, en ningún momento de la historia?”

Najannguaq Hegelund
Trabajadora de la ONG por los derechos de los inuits Sila360

Otros groenlandenses han estado atentos al cielo y los mares del territorio, consultan rastreadores de vuelos para detectar aviones estadounidenses y hasta conversan sobre las maneras de reaccionar en caso de ser capturados. Muchos dicen sufrir ansiedad y problemas para conciliar el sueño.

Groenlandia nunca ha vivido nada semejante, dice Hegelund en una cafetería de la nevada capital, Nuuk. “¿Cómo enfrentarse a algo así cuando nunca se ha vivido nada parecido, en ningún momento de la historia?”, se pregunta.

Aumenta la alarma

Hace casi exactamente un año, Trump habló de la necesidad de que Estados Unidos se hiciera con Groenlandia, incluso usando la fuerza militar. En aquel momento, el ambiente en Nuuk era más alegre, escéptico y el discurso, más combativo. Hoy son muchos los que no esconden su alarma y tratan de prepararse para lo que pueda suceder, mientras esperan consejos prácticos de las autoridades. El precedente de Venezuela es el que marca ahora la gran diferencia, según Hegelund, que trabaja por los derechos de los inuits en la ONG Sila360.

El anuncio de la reunión de alto nivel del miércoles en Washington entre Vivian Motzfeldt y Lars Løkke Rasmussen, ministros de Exteriores de Groenlandia y Dinamarca, respectivamente, con Marco Rubio, secretario de Estado de EEUU, trajo cierto alivio por la posibilidad de que fuese el comienzo de un diálogo en condiciones.

Pero la noticia de última hora de que el vicepresidente de EE.UU., JD Vance, también participaría introdujo una incógnita preocupante. Durante su visita de marzo a Pituffik, una remota base militar estadounidense en el noroeste de Groenlandia, Vance sostuvo que el control estadounidense sobre el territorio autónomo era fundamental para defenderse de China y Rusia; y, en ese sentido, acusó a Dinamarca de “no haber hecho un buen trabajo”.

El ministro de Exteriores de Dinamarca, Lars Lokke Rasmussen y la de Groenlandia, Vivian Motzfeldt, se dirigen a los medios tras la reunión en Washington con Marco Rubio y JD Vance el 14 de enero.

El deseo de Trump de hacerse con Groenlandia, aparentemente renovado, ha sido noticia en todo el mundo. Los líderes europeos hacen declaraciones con creciente nerviosismo y por las redes proliferan contenidos dramáticos. Pero para la mayoría de los residentes de Groenlandia no es solo un tema de conversación o publicaciones en redes que puedan ignorar: se trata de una cuestión existencial.

Muchos se sentirían impotentes si los soldados estadounidenses llegaran mañana a Nuuk para hacerse con el control de Groenlandia. “¿Qué podríamos hacer?”, dice Hegelund. “En Nuuk somos unas 20.000 personas, ¿cómo vamos a enfrentarnos a las tropas estadounidenses?”.

Las fuerzas militares danesas tienen el Mando Conjunto del Ártico para proteger la soberanía del reino de Dinamarca en esta zona. En los dos últimos años, y como consecuencia de las crecientes tensiones en la región, esta unidad militar ha impartido cursos de preparación entre los jóvenes groenlandeses. Pero muchos afirman que carecen de la información básica para saber qué hacer ante una invasión.

Nerviosismo entre los ciudadanos

Hedvig Frederiksen, de 65 años, y su hija, Aviaja Fontain, de 40, están tan preocupadas que han decidido encargarse ellas mismas de la vigilancia de Groenlandia. “Da miedo”, dice Fontain. Las tensiones geopolíticas le impiden concentrarse para sus exámenes universitarios. “Ella [en referencia a su madre] está siempre mirando los aviones porque [desde su casa] tiene vistas y yo no dejo de mirar el puerto porque tengo vistas al puerto”.

Frederiksen, que consulta los rastreadores de vuelos por Internet, se llevó hace poco un susto cuando vio un avión Hércules despegar de la base de Pituffik. Pensó que venía a invadir Nuuk. “Si [EE.UU.] se apodera de Groenlandia, ¿qué voy a hacer?”, se pegunta Fontain. “¿Vamos a tener que pagar por la educación? ¿Habrá soldados aquí disparando a los groenlandeses?”.

Frederiksen es una de las 143 mujeres que ganaron recientemente una batalla legal contra el Gobierno de Dinamarca por el caso de los dispositivos intrauterinos que médicos daneses colocaron forzosamente a muchas jóvenes groenlandesas. “Si los soldados vienen aquí, ¿qué harán?”, dice Frederiksen a través de su hija, que le traduce. “Todos pensamos que nos harán cosas malas porque no queremos ser ciudadanos estadounidenses, ni un estado [de EE.UU.]”.

Una gorra con la bandera de Groenlandia el lema irónico 'Make america go away' [Haz que EEUU se marche].

Groenlandia ya sufrió un trauma generacional por la colonización de Dinamarca, explica Fontain. “¿Vamos a tener otro?”, dice, y añade que la gente está preocupada. “Espero, por dios, que no nos convirtamos en estadounidenses; en lugar de amenazar, Trump podría limitarse a construir bases aquí; está hablando de la vida de personas y aquí no somos violentos; tengo mucho miedo de que traigan aquí su violencia si se hacen con el control”.

Copenhague anunció en octubre una inversión extra de 27.400 millones de coronas danesas (unos 3.670 millones de euros) para la seguridad en el Ártico y el Atlántico Norte, que incluía dos nuevos buques árticos, más capacidad en los aviones de patrulla marítima y una nueva sede para el Mando Conjunto del Ártico.

Pero sobre el terreno es difícil ver indicadores de esta seguridad reforzada. La actual sede del Mando Conjunto del Ártico es más acogedora que imponente o amenazadora. Incluso la sensación que transmite el consulado de Estados Unidos, un edificio tradicional sin vallas y pintado de rojo, es menos de agresión que de hygge, esa palabra danesa de difícil traducción referida a un estado de ánimo íntimo y acogedor.

“Es importante destacar que casi todas las capacidades militares desplegadas en el Ártico son de naturaleza móvil”, dice un portavoz del Ministerio de Defensa de Dinamarca, que explica que las medidas que están tomándose pueden no ser visibles en una zona geográfica específica.

“La vida era sencilla antes”

La artista Aviâja Korneliussen, de 19 años, terminó el instituto y votó por primera vez el año pasado. Forma parte de la generación que ha alcanzado la mayoría de edad en este momento inédito de la historia de Groenlandia, en el que una de las poblaciones más pacíficas del mundo se ve amenazada repetidamente por una superpotencia militar.

Patinadores en Nuuk, el pasado 15 de enero.

Según Korneliussen, que trabaja en un museo y también en un bar, las amenazas de Trump están dividiendo a la sociedad de Groenlandia. “La vida era sencilla antes de sus declaraciones, no tenías preocupaciones, podías ser amiga de todo el mundo”, dice mientras desayuna en su apartamento, al tiempo que la niebla matinal se disipa para mostrar las montañas blancas. “Pero si una persona tiene ahora una idea sobre cómo debe ser Groenlandia y otra persona tiene otra completamente diferente y esas ideas están enfrentadas, ya no pueden ser amigas”.

La forma en que la gente habla por Internet sobre Groenlandia, como si fuera una mercancía, le parece deshumanizadora. La joven dice que, mientras crece la atención internacional, los indígenas inuits se van abriendo a mostrar su identidad, incluso a través de tatuajes y de arte inuit, así como a la posibilidad de separarse de Dinamarca. “La idea general es ser inuit en lugar de qallunaaq, danés”, indica.

Si una persona tiene ahora una idea sobre cómo debe ser Groenlandia y otra persona tiene otra completamente diferente, y esas ideas están enfrentadas, ya no pueden ser amigas

Aviâja Korneliussen
Artista groenlandesa

Korneliussen cree que una invasión de EE.UU. provocaría muchas protestas, pero dice que no sabría anticipar la reacción de la gente. Ni siquiera la suya. “Creo que me encerraría en casa y que buscaría una forma de salir de aquí”, afirma. Pero tampoco quiere verse obligada a abandonar su vida en Groenlandia. “Es extraño pensarlo porque no quieres pensar en esas cosas, en el ‘qué pasaría si’; especialmente, si tienes gente a la que quieres y es la tierra en la que naciste y creciste, la cultura en la que vives cada día”, reflexiona. “Muchos groenlandeses tienen armas y podrían intentar defenderse, pero, por otro lado, no somos ese tipo de personas que se matan entre sí”.

Con el miedo y con la ansiedad convive un fuerte deseo de sacar de la situación algo positivo para Groenlandia. El partido Naleraq, el más favorable a Estados Unidos, quedó segundo en las elecciones del año pasado. Su líder, Pele Broberg, dice que los políticos de Groenlandia llevan décadas pidiendo a Copenhague un acuerdo de libre asociación. Pero para el Gobierno danés “nunca ha sido un buen momento”.

Ahora Broberg quiere que Groenlandia aproveche la oportunidad para hablar sobre la posibilidad de un acuerdo de libre asociación con Estados Unidos, pero el mensaje desde Dinamarca es que hay que mostrar unidad. “No dejan de decirnos que no podemos mostrarnos divididos, que tenemos que aparecer unidos”, señala desde la sede del partido en el Inatsisartut (el Parlamento de Groenlandia). “No hay nada que nos haga estar unidos, lo que quieren ellos es otra cosa”, añade.

Tras semanas repitiendo declaraciones similares, el primer ministro de Groenlandia cambió de tono el pasado martes. “Si tenemos que elegir entre Estados Unidos y Dinamarca, aquí y ahora, elegimos Dinamarca, la OTAN y la UE”, dijo en la víspera de la reunión en la Casa Blanca el groenlandés Jens-Frederik Nielsen, acompañado por la primera ministra de Dinamarca Mette Frederiksen.

El presidente de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, y la primera ministra danesa, Mette Frederiksen. Liselotte Sabroe/EFE/EPA

Ese era precisamente el mensaje que los groenlandeses necesitaban escuchar, según Aqqaluk Lynge. “Es lo que estábamos esperando, es muy bueno porque la gente está realmente cansada de esta situación”, dice el cofundador del partido Inuit Ataqatigiit, expresidente del Consejo Circumpolar Inuit, y autor del libro Tras las huellas de los inuit. “Necesitamos que, al menos, Dinamarca y Groenlandia estén en pie de igualdad en lo que se refiere a nuestras declaraciones”, reclama.

Para la cineasta y activista Aka Hansen, que defiende la independencia de Groenlandia pase lo que pase, “hay que ser inteligentes”. Sostiene que los últimos años, con Ucrania, Gaza y ahora, la posibilidad de Groenlandia, han demostrado que el derecho internacional es “ineficaz”. Por eso dice confiar en la protección que otorga Dinamarca. “Como persona que lucha por la independencia, me resulta extraño decir que en este momento tengo que confiar en Dinamarca”. Pero admite: “Creo que esa es la realidad: tenemos que confiar en que Dinamarca es la que garantiza nuestra seguridad”.

Texto traducido por Francisco de Zárate y actualizado por elDiario.es