Quién es Federico Chingotto, la figura del pádel argentino que tuvo una dura historia hasta alcanzar su sueño

Quién es Federico Chingotto, la figura del pádel argentino que tuvo una dura historia hasta alcanzar su sueño
En el mundo del pádel, el recorrido de Federico Chingotto se forjó con perseverancia y renuncias. Hoy es el número dos del ranking de Premier Padel, el circuito más competitivo del planeta, pero nada de eso fue inmediato.

Detrás del reconocimiento hubo años de esfuerzo silencioso, viajes largos y decisiones difíciles. “Si gastaba en un hotel, no podía competir en el torneo siguiente. Dormir en el auto era la única opción”, recordó el drive bonaerense.

CUÁL ES LA EMOTIVA HISTORIA DE FEDERICO CHINGOTTO, LA FIGURA ARGENTINA DEL PÁDEL

En el mundo del pádel, el recorrido de Federico Chingotto se forjó con perseverancia y renuncias. Hoy es el número dos del ranking de Premier Padel, el circuito más competitivo del planeta, pero nada de eso fue inmediato. Detrás del reconocimiento hubo años de esfuerzo silencioso, viajes largos y decisiones difíciles. “Si gastaba en un hotel, no podía competir en el torneo siguiente. Dormir en el auto era la única opción”, recordó el drive bonaerense.

Esa determinación nació mucho antes de que pisara las grandes canchas europeas. Cuando era chico, mientras otros descansaban en alojamientos cómodos, él se acomodaba en el asiento trasero de un viejo Falcon. Su mamá, Sandra, reclinaba el asiento delantero para intentar dormir. No había presupuesto para pensiones ni hoteles, pero sí una convicción inquebrantable.

Rifas, colaboraciones de vecinos y la ayuda de conocidos permitían financiar los viajes. Antes de salir rumbo a un torneo, pasaban por la carnicería de un amigo que les daba comida para el camino. “Eso fue lo más duro”, admitió Federico con el paso del tiempo. Sin embargo, rendirse nunca fue una alternativa.

Hoy lo cuenta con serenidad, acompañado por sus padres. Pero el trayecto tuvo momentos de mucha incertidumbre. Sandra lo recordó así: “Fede era chiquito y podía dormir atrás sin problema. No nos alcanzaba para pagar hospedaje. Mi marido se quedaba trabajando en Olavarría y yo lo llevaba a donde hiciera falta con un sobrino que manejaba. Él se acomodaba atrás y nosotros adelante”.

Las noches previas a las rondas clasificatorias eran así: el auto estacionado cerca del club, Federico intentando recuperar energía sabiendo que al día siguiente competiría en desventaja contra otros juveniles. Aun así, seguía adelante. No había plan B.

El camino tampoco fue lineal. “Hubo un momento en el que dudé. La economía pesaba mucho y también las críticas por mi altura y mi estilo de juego”, contó Chingotto, que con 1,70 metro se abrió paso en un circuito dominado por jugadores mucho más altos. “Eso a veces te hace tambalear”.

En ese proceso fue clave el respaldo de su entrenador, Matías Ortiz. “Me enseñó a disfrutar el proceso, a entender que es largo y que cada pequeña batalla cuenta. Eso me ayudó a atravesar los momentos de duda”, explicó.

Con el tiempo, Federico empezó a destacarse en el circuito argentino (AJPP). Llegaron los primeros sponsors y, a los 18 años, tomó una decisión que marcó un antes y un después: irse a España. “Tenía ilusión de enfrentar a los mejores, pero sabía que me llevaba una parte del corazón de mis viejos. Ellos me apoyaron, con lágrimas y sonrisas”, recordó.

Ese salto estuvo cargado de presión. “Llegar con una sola oportunidad para ver si podés vivir de lo tuyo o no te pone al límite. Pero quienes luchan desde abajo tienen un fuego especial para ir hasta el final”, reflexionó.

En Europa, los ingresos iniciales fueron modestos. Aun así, su primera prioridad fue alquilar un departamento digno y dejar atrás las habitaciones prestadas. Cuando pudo ahorrar, no lo dudó: “Todo fue para mi familia. Compraron un terreno para estar mejor”.

Ya instalado en el máximo nivel —primero en el World Padel Tour y luego en Premier Padel—, los relatores españoles empezaron a llamarlo “Súper Ratón”. El apodo nació de su capacidad defensiva, de su incansable manera de correr cada pelota y devolver golpes que parecían perdidos.

Antes de eso, junto a Juan Tello, formó una dupla sólida que se mantuvo entre las mejores del mundo y conquistó cuatro títulos. El gran giro llegó en febrero de 2024, cuando Alejandro Galán, exnúmero uno del mundo, decidió llamarlo tras separarse de Juan Lebrón.

La elección fue cuestionada, pero los resultados hablaron rápido. En 2024, Galán y Chingotto jugaron 15 finales y ganaron cuatro títulos, consolidándose como la pareja número dos del ranking y en los principales rivales del binomio líder. En 2025 estuvieron a un partido y un tiebreak de alcanzar la cima.

Lejos de frustrarse, esa experiencia lo fortaleció. “Faltó muy poco y eso me dio todavía más energía para seguir mejorando”, aseguró. Su objetivo es claro: “Creo que puedo ser número uno. Tengo un gran equipo y Ale Galán, para mí, es el mejor jugador del mundo. Es posible bajar a Coello-Tapia”.

Galán lo elogió públicamente al afirmar que Chingotto “le cocina los puntos”. Federico lo explica con humildad: “Mi trabajo es potenciarlo. Si él brilla, mi juego también aparece. Tener claro mi rol hace todo más simple”.

A quienes hoy sueñan con llegar y enfrentan límites económicos o críticas constantes, les deja un mensaje directo: “Luchen por lo que quieren. Todo es posible. La mayor barrera es la que uno mismo se pone. El mayor premio es demostrarse que puede. Hay que tocar todas las puertas, las veces que haga falta”.